Contra el ‘bloqueo bloqueo’ de Petro, Uribe y compañía

Contra el ‘bloqueo bloqueo’ de Petro, Uribe y compañía

Una figura pública –más si es política– tiene deberes intangibles con sus ciudadanos.

16 de octubre 2019 , 07:00 p.m.

Hay comerciales que se quedan en uno para siempre. Y no hay remedio para extinguirlos, salvo el alzhéimer. Entre esos, está el de un hombre negro musculoso que con sus venas a reventar mueve sus pectorales de arriba abajo y se la pasa gritando “¡bloqueo, bloqueo, bloqueo!”. El tipo en el comercial pretende espantar los malos olores, tal cual hacen algunos políticos con sus críticos en redes sociales.

La costumbre de bloquear las críticas la venimos aceptando muy a nuestra desgracia. A mí, por ejemplo, me tiene bloqueado en Twitter Gustavo Petro. Lo hizo hace rato, después de recibir una queja respetuosa que hoy no va al caso. Lo que sí hice entonces fue preguntarle a su equipo de comunicaciones el porqué de su decisión, a lo que contestaron que la cuenta de Petro en esta red es “absolutamente personal”. Por esa razón, me perdí hace poco, por ejemplo, de su ‘altruista’ debate sobre racismo y política con el Tino Asprilla.

Álvaro Uribe no me tiene bloqueado, creo que por fortuna, porque he visto a varios contar con orgullo que el expresidente ha aplicado su “¡bloqueo, bloqueo, bloqueo!” y eso es como un reconocimiento a estar haciendo las cosas bien, es decir, a dejar marcadas públicamente las diferencias políticas o expresar valientemente críticas argumentativas.

Pero lo cierto es que impedir el debate es perjudicial para todos. Si bien cada persona puede usar sus redes sociales como le plazca, una figura pública –más si es política– tiene deberes intangibles con sus ciudadanos. Y uno tan básico como poder acceder a lo que dice o pregona está siendo limitado en Colombia de una forma dictatorial y violenta si se quiere en el mundo digital. Si estamos en elecciones, el bloqueo puede ser aún peor, porque seguimos creyendo que un político decente está en favor de la democracia.

En Colombia también debería estar prohibido el “¡bloqueo, bloqueo, bloqueo!”. Si acaso, permitirse cuando se acuda a la ofensa, la calumnia o la injuria

Miremos un poco fuera de nuestro país. Donald Trump, que miente en Twitter y en todas partes sin sonrojarse, es nuestro oscuro espejo: pasó de cinco a 23 mentiras diarias, según chequeó recientemente The Washington Post.

En Colombia, es muy probable que nos mientan tanto o peor, pero hay una diferencia rescatable: en Estados Unidos, al menos en el papel, el mandatario ya no puede bloquear a sus contradictores en redes sociales tan solo porque no le gusta lo que le dicen, incluso si son insultos. Eso es inconstitucional, dijo un tribunal federal de apelaciones con sede en Nueva York. El “¡bloqueo, bloqueo, bloqueo!” de Trump atenta contra la primera enmienda, es decir, contra la libertad de expresión.

Sobre los asuntos públicos debe haber más diálogo. “Bloquear a los demandantes por sus opiniones políticas supone una forma de discriminación”, sentenció, en mayo de 2018, la magistrada Naomi Reice Buchwald. ¿La razón? Así se excluyen las opiniones con las que el funcionario público no está de acuerdo. Y hay que agregar que en estas conversaciones en redes sociales se suelen mantener discusiones de interés público.

En Colombia también debería estar prohibido el “¡bloqueo, bloqueo, bloqueo!”. Si acaso, permitirse cuando se acuda a la ofensa, la calumnia o la injuria, males que irónicamente tienen los políticos por miles gracias a sus barras bravas en redes sociales. Sus integrantes son detestables por aduladores, groseros, violentos, malhablados y, en síntesis, porque creen que su afiliación política es perfecta e inmodificable, cuando claramente no lo es. Ellos también han seguido el mal ejemplo del “¡bloqueo, bloqueo, bloqueo!” y suelen acabar, de tajo, con cualquier interlocución que no les guste o no ratifique sus posiciones. Es muy posible que usted haya padecido este virus, incluso con gente común y corriente que es incapaz de escuchar algo distinto a sus propios pensamientos.

A todos ellos –políticos incluidos, desde luego– hay que hablarles como a niños de primaria, despacito y en tono alto, y decirles que bloquear a alguien porque no piensa igual es muy infantil.

Hay que acabar este juego inmaduro. Es antidemocrático. Uno no aprende más de lo que ya sabe escuchando todos los días su propio eco.

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