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Adiós a un amigo inolvidable

Adiós a un amigo inolvidable

Hasta una nueva oportunidad, Alejito. Nuestra modesta admiración y nuestro cariño para siempre.

05 de junio 2020 , 09:25 p. m.

Desde esta reclusión afortunada, en el terrible verano del Tolima, el olor a corral y el insoportable ruido de las chicharras me traen a flor de piel recuerdos y facetas de vida intensas e inolvidables, además irrepetibles, en la grata compañía de Alejito Samper, en Simijaca, Ubaté, Suesca, Ibagué, Doima, Buenos Aires, Meta, Escocia. En fin...

En esa orilla del río Magdalena, recién casados los dos, manejando fincas, bien o mal... fue mucho lo que compartimos, tal vez en el momento más feliz del ser humano adulto. Recién destetados, afrontando la vida como ganaderos, estrenando esa nueva realidad feliz: la de recién casados con unas desconocidas e impredecibles señoras que poco sabían de rastrojos, pero que con incomparable valor se atrevieron... y pudieron y nos unieron como parejas, en ese irresponsable momento en el que uno cree haber agarrado el mundo a manos llenas.

Éramos felices. Teníamos señoras rústicas dispuestas a todo. Desde salir llenas de boñiga de un corral bien embarrado hasta irnos en las cercanías de Ibagué a jartar aguardiente y a oír cantar y a abrazarnos con Silva y Villalba, dos músicos fabulosos. Y para después, bien copetones, regresar a nuestras tierritas bien inestables, con frecuencia sin siquiera saber quién abrazaba más fuerte y sin saber quién había manejado de regreso.

Rindo homenaje a la rectitud, a la honestidad, al ejemplo de quien siempre quiso lo que quiso, lo que respetó, lo que amó, honró, hizo, vivió y ponderó.

Compartimos muchos amaneceres tolimenses por varios años. Luego, el destino jaló a Alejito a ver los amaneceres llaneros y a mí, los goajiros. Pero así hubiera mermado la frecuente comunicación, jamás lo hizo la intensidad de nuestro viejo y sincero trasegar. ¡Con mirarle esos ojos indescifrables, amables, traslúcidos, sinceros, honestos y gentiles era suficiente! Para nosotros, la amistad se trasmitió escasa en palabras, pero fiel y sincera en sus miradas, en el inmundo humo del Pielroja, en el dulce y hediondo olor del aguardiente, en el delicioso aroma de la mierda de un corral repleto de ganado, de la cual siempre pensamos que sería importante ingrediente para fabricar una loción.

El tiempo pasó. Compartimos ferias ganaderas y ovinas en Escocia. Caminamos por esas lomas románticas, agrestes y únicas. Agarramos salmones de manera ilegal porque jamás mordieron nuestras carnadas. Usamos redes, ¡y fue tan grande la pesca que no cupo en la trompa de mi viejo Volkswagen! Recorrimos montañas en Aberdeen, en Glasgow, en Edimburgo, en un viejo Land Rover que él conducía con gracia y donaire. Y con un cojín, que Alejo decía que era para no sudarse. Cuando la verdad era para no tener que mirar por entre ese gran timón, además por el lado que no toca.

Compartimos ferias ganaderas en Villavicencio y otros pueblos del Llano, de donde jamás quería salir, salvo a las generosas e inolvidables invitaciones de Pablo Navas, ya fueran las de viudos, las de Navidad, o las lindas tenidas en Suesca. Gracias a Navas por haber sido gestor de esos lindos momentos con quienes tantos querremos para siempre.

Rindo sentido homenaje a este pequeño gran señor. Rindo homenaje a la rectitud, a la honestidad, al ejemplo de quien siempre quiso lo que quiso, lo que respetó, lo que amó, honró, hizo, vivió y ponderó; lo que siempre añoró, desde cuando su padre vivía en esos llanos inolvidables, románticos y repletos de aventuras, de incertidumbres, de belleza.

Alejo: esos atardeceres siempre lo recordarán. Esas corocoras siempre llevarán su legado a esos esteros que tanto Pielroja y tanto aguardiente llanero le vieron filtrar.

Hasta una nueva oportunidad, Alejito. Nuestra modesta admiración y nuestro cariño para siempre. Gracias por el ejemplo que nos dio: el de amar sincera y apasionadamente el campo. Siga por ahí. ¡¡¡No nos deje!!!

Gracias siempre por haberlo tenido como amigo, como ejemplo, como padre de Laurita, con quien siempre compartió ese inacabable y discreto cariño.

Jaime Laserna Serna

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