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¿Senado nacional?

¿Senado nacional?

Regiones como Orinoquia y Amazonia no presentan candidatos porque no tienen opción de ser elegidos.

28 de noviembre 2021 , 09:38 p. m.

Nuestras entidades territoriales tradicionalmente han sido circunscripciones para la elección de corporaciones públicas de origen popular: Senado, Cámara de Representantes, asambleas departamentales y concejos distritales y municipales. Últimamente, para la elección de gobernadores y alcaldes, jueces de paz y consejos de la juventud. Así hemos dado representatividad política a entidades que son una realidad geográfica, histórica, económica y social, a veces verdaderos ecosistemas, y evitado los intensos debates, siempre partidistas, que tienen lugar en otras partes cuando se delimitan circunscripciones ‘ad hoc’, inclusive para cada elección.

También pueden citarse para los mismos efectos otras organizaciones que tienen piso y base territorial, como las regiones administrativas y de planificación (Rapes), las áreas metropolitanas, las asociaciones de departamentos y municipios y las localidades y comunas, así como las provincias de los departamentos que las tienen, todas las cuales pueden servir como círculo para la elección de autoridades que tengan origen en el voto ciudadano. Serían unas circunscripciones a escala humana en las que se sufragaría por candidatos conocidos o fáciles de conocer y se establecerían relaciones cercanas entre el elegido y el elector que estimularían la participación popular en la vida pública.

La Constitución del 91, equivocadamente, decidió que la Nación, como un todo, fuera circunscripción para la elección del Senado: quienes tienen derecho a votar para presidente de la República también lo tuvieran para elegir el Senado, determinación que ha corrompido aún más la política, causado serias perturbaciones electorales y castigado la representatividad territorial de esa corporación. Buen número de candidatos, en efecto, no adelantan campañas meramente departamentales o regionales, sino nacionales, para lo cual financian cámaras que voten por ellos, a veces hechizas o artificiales porque se organizan exclusivamente con ese propósito. También compran los votos que venden concejales, diputados y otros dueños de alguna capacidad electoral. Ese poder del dinero ha elevado los costos de las campañas senatoriales, que valen 5.000 o más millones de pesos, ha roto las condiciones de igualdad que debe haber entre los candidatos y abierto las puertas de la corrupción: candidatos y financiadores tienen que recuperar la inversión que realizaron.

Se pueden evitar los graves problemas que creó la circunscripción nacional para Senado, pero los partidos tradicionales y nuevos y el Congreso se niegan a cambiar situaciones que les conceden ventajas

Además, el Senado ha perdido la legitimidad territorial que debe tener porque departamentos y regiones importantes, pero de poco poder electoral, no han logrado elegir sus candidatos. Entre otros, Quindío, Casanare, Chocó, La Guajira, Arauca, San Andrés y Providencia se han quedado sin representación durante varios períodos en el Senado. Y regiones como la Orinoquia y la Amazonia ni siquiera presentan candidatos porque no tienen opción de ser elegidos, cuando todos los Estados conceden a entidades comparables a nuestros departamentos el derecho a tener representación, así sea mínima, en un cuerpo equivalente al Senado, razón adicional para reemplazar la circunscripción nacional por circunscripciones regionales que elijan senadores según su población y en las que los partidos puedan presentar listas cerradas, sin voto preferente. También puede crearse una circunscripción nacional que elija pocos senadores con el fin de dar representación a los partidos pequeños que sumen votos de varios departamentos y elijan, si es el caso, personalidades destacadas a las que se permita fórmula semejante.

Se puede entonces simplificar la vida política y evitar los serios y graves problemas que creó la circunscripción nacional para Senado, pero los partidos tradicionales y nuevos y el Congreso se niegan a cambiar situaciones que les conceden ventajas democráticamente inaceptables.

JAIME CASTRO

(Lea todas las columnas de Jaime Castro en EL TIEMPO aquí).

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