‘Nuestras vidas son los ríos...’

‘Nuestras vidas son los ríos...’

Reducir caudal del río Bogotá causa grave daño ambiental al Distrito y los municipios de la Sabana.

15 de septiembre 2019 , 12:13 a.m.

La descontaminación del río Bogotá empezó en 1994, cuando el Distrito puso en marcha el programa que había acordado con la Nación, el Departamento y la CAR para la construcción de las plantas que limpiaran las aguas servidas en las desembocaduras de los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo y la contratación de la planta de tratamiento de aguas residuales (Ptar) Salitre, que da tratamiento primario a 4 m³/s y costó 120 millones de dólares. Veinte años después se contrataron, por 500 millones de dólares, la ampliación y mejora de esa Ptar: tratamiento secundario de 7 m³/s.

En el 2003 se decidió eliminar las plantas del Fucha y el Tunjuelo y ordenar la construcción de dos grandes colectores y de la megaplanta de Canoas, en Soacha. Las aguas del Fucha y el Tunjuelo no serán tratadas, entonces, antes de llegar al río Bogotá, sino conducidas a los colectores Fucha-Tunjuelo y Tunjuelo-Canoas, túneles que ya se construyeron a 70 m de profundidad, tienen 12 m de diámetro y costaron un billón de pesos. Después de recorrer subterráneamente 20 km, las citadas aguas son subidas a la planta Canoas por una estación elevadora que cuesta 400.000 millones. Aunque hemos gastado por estos conceptos 1,5 billones, sin contar los 500 millones de dólares que cuesta la ampliación de la planta Salitre, apenas seguimos tratando los 4 m³/s que empezó a limpiar esta última en el año 2000.

Los costos que demanda la construcción de la antes referida estación elevadora los asume Emgesa, beneficiaria directa de la obra y que como contrapartida exigió que la CAR le prorrogara por 20 años más la licencia que tiene para producir energía, en adelante con aguas limpias, a partir del embalse del Muña. Bogotá y los municipios circunvecinos, en cambio, no se beneficiarán de esas aguas.

Los túneles ya construidos serán utilizados cuando empiece a operar Canoas. Durante esos diez o más años deberán ser sometidos a una inspección periódica y un mantenimiento de preoperación que evite su deterioro, y que nadie sabe cuánto puede valer. La planta Canoas, en pesos de hoy, costará 4,5 billones.

A los costos anteriores, que se reflejarán en las tarifas de los servicios de acueducto y alcantarillado, súmense los enormes costos ambientales de ‘enterrar’ más de 15 m³/s de aguas que hoy forman parte del caudal del río Bogotá. Son aguas servidas –aguas negras, como se dice popularmente–, pero si se limpian y descontaminan, deberían volver a su cauce y lecho natural. ¿Por qué esconderlas barriendo para debajo de la alfombra? Pregunté a la Empresa de Acueducto y a la CAR si conocían casos comparables, para saber si nos acogíamos a experiencias exitosas en otras partes o si estábamos innovando e improvisando, pero no obtuve respuesta.

Reducir el caudal del río Bogotá causa grave daño ambiental al Distrito y los municipios de la Sabana Centro y Occidente, porque castiga en un 50 por ciento o más el caudal del río en un trayecto de 20 km que concentra buena parte del desarrollo urbano e industrial de la gran ciudad. La alteración ambiental que sin duda produce ‘entubar’ las aguas de los ríos Fucha y Tunjuelo, que reúnen aguas servidas y aguas lluvias, produce serios efectos en la vida de las poblaciones ribereñas, que no podrán contar con aguas descontaminadas para sus servicios de acueducto, sus cultivos y ganaderías, y otros usos válidos.

¿Qué efectos produce, igualmente, cambiar las condiciones hídricas del río sobre el prometido parque lineal, que –dicen– tendrá senderos, plazoletas y embarcaderos, y en relación con los programas de natación ofrecidos por el alcalde Peñalosa si las aguas varias veces citadas equivalen, cada dos segundos, a dos piscinas olímpicas? Los autores de este esperpento ambiental no leyeron nunca el verso de las ‘Coplas’ de Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos...”.

JAIME CASTRO
jcastro@cable.net.co

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