Entre el monopolio y la corrupción

Entre el monopolio y la corrupción

Son monopolios departamentales la producción y comercialización de rones, aguardientes y loterías.

17 de octubre 2018 , 12:17 a.m.

Hemos privatizado funciones y actividades que considerábamos propias e intransferibles del Estado. Pueden citarse como ejemplos la justicia a través de los tribunales de arbitramento, la salud, la educación, las telecomunicaciones y los servicios públicos domiciliarios. Ya se anunció la de las cárceles. Sin embargo, siguen siendo monopolios departamentales, garantizados por la Constitución y la ley, la producción y la comercialización de rones, aguardientes y las loterías, que sobreviven porque desde cuando se establecieron por los españoles durante la Colonia son fuente de privilegios, ventajas y enriquecimiento para quienes directa o indirectamente se encargan de su manejo.

Todos nuestros organismos de control y muchos juzgados y tribunales han denunciado a las licoreras y loterías, más a las primeras que a las segundas, como focos de politiquería y corrupción. Desde hace tiempo son la caja negra de las campañas políticas a nivel regional. Esa es la razón principal por la que cada día contribuyen menos a la financiación de los servicios de salud y educación, que teóricamente las justifican (https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16084725).

Además, han reducido el volumen de sus operaciones. En el caso de las licoreras, por el desarrollo de una novedosa cultura vinícola, la importación de licores facilitada por los tratados de libre comercio, el contrabando y la producción ilegal de bebidas alcohólicas. Por eso han tenido que cerrarse más de la mitad de las que hasta hace poco tuvimos. Cuando el departamento no explota el monopolio, lo concede a particulares mediante contratos que Rafael Uribe Uribe comentó así: “Ser rematador de la renta de licores o destilador con patente es, hace muchos años, el mejor, si no el único buen negocio en Colombia”.

Si de verdad queremos luchar contra la corrupción, medidas radicales y efectivas como la que aquí se resume mostrarían lo que debe hacerse.

Por su parte, las loterías están sujetas a la competencia cada vez mayor de los juegos de suerte y azar en línea, ya reglamentados entre nosotros y que en su primer año de operación lograron la no despreciable suma de un millón cien mil cuentas para apuestas digitales. Esa es la razón por la que sus giros a la salud, incluido el del chance, que hace el mayor aporte, apenas valieron 400.000 millones de pesos en el 2017, con un incremento de 14 % en relación con el año pasado. Y los giros de Coljuegos, empresa del Estado que concede a particulares la explotación de actividades distintas de las que cumplen las loterías y el chance, fueron en el mismo año 560.000 millones de pesos y tuvieron un incremento de 35 % frente al año pasado. Eso explica por qué hoy solo existen 15 loterías departamentales, ninguna de ellas en la costa Caribe.

Es fácil concluir que deben suprimirse los anacrónicos monopolios citados por razones políticas (lucha contra la corrupción), económicas (en el país se producen rones que se venden exitosamente en el exterior, pero no se pueden comercializar en Colombia por las trabas que imponen los dueños de la exclusividad) y fiscales (financiación de los servicios de salud y educación). Conviene disponer, a cambio, que los departamentos tienen derecho a las rentas que produzca la explotación de las operaciones propias de esas actividades empresariales, todo mediante los contratos que los particulares celebren con el Estado, y para los cuales pueden servir como modelo los que suscribe Coljuegos.

Si hay departamentos que por la calidad de sus productos y la eficiencia de sus licoreras consideran que estas deben permanecer, que así lo decidan, pero sin que para ello ejerzan ningún tipo de monopolio.

Si de verdad queremos luchar contra la corrupción, medidas radicales y efectivas como las que aquí se resumen mostrarían lo que debe hacerse.

JAIME CASTRO
jcastro@cable.net.co

Columnistas

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