Qué hay detrás del sicario

Qué hay detrás del sicario

El problema no se resuelve de manera rápida, con mayores sanciones penales.

07 de abril 2019 , 01:00 a.m.

Para enfrentar la violencia que involucra a menores de edad, como en el caso del niño que asesinó a varias personas, hay que reconocer que estos hechos están inscritos en la multicausalidad de la violencia y la delincuencia que ha vivido el país desde hace décadas, que el problema no se resuelve de manera rápida, con mayores sanciones penales hacia todos los menores, acabando con la pobreza –como creen algunos– o solo atacando las organizaciones criminales que los instrumentalizan.

Para comenzar, varios estudios han coincidido en señalar que la mayoría de niños, niñas y jóvenes que terminan involucrados en problemas de violencia y delincuencia, en su proceso de formación y crecimiento han sido víctimas de violencia intrafamiliar, pertenecen a familias en las que se consumen licor y drogas, han carecido de afecto y autoridad de los padres, han desertado del sistema escolar, les faltan oportunidades de ingreso económico legal y han sido víctimas de violencia de algunas autoridades y comunidades que los ven como un ‘problema’ de convivencia e inseguridad.

Frente a esta situación grave y compleja, la preocupación y responsabilidad para abordarla y solucionarla no deberían estar solo en cabeza del ICBF, Policía, Fiscalía y justicia; se deben involucrar el Presidente, otros ministerios, el Congreso, los gobiernos locales y las comunidades, es decir, se debe contar con una política interinstitucional e integral de prevención de la violencia juvenil.

Para abordar esta problemática se debe evitar la tentación de criminalizar a todos los jóvenes, como algunas veces se hace; no se puede confundir la política de juventud con la política criminal juvenil, que va de la disuasión y la prevención hasta el control del delito, y hay que conciliar dos posiciones que antes que antagónicas son complementarias: las que consideran que estos problemas se arreglan con acciones fuertes de seguridad y de justicia y las que creen que se resuelven solo con inversión social.

Para comenzar a tratar tales asuntos desde el área preventiva, el Estado nacional y local tiene que contar con programas, proyectos y recursos que intervengan sobre las causas identificadas.

A manera de ejemplo, hay que contar con recursos para aumentar y fortalecer las comisarías de familia en los municipios y los distintos programas que adelanta el ICBF a fin de enfrentar la violencia intrafamiliar y de género; el ministerio y las secretarías de Educación deben trabajar no solo para alcanzar la cobertura total, sino para mejorar la calidad, la calidez y el afecto en las escuelas y colegios con el fin de evitar la deserción; hay que capacitar a los funcionarios que trabajan con los jóvenes y a las comunidades para que comprendan sus culturas, sus comportamientos y no los criminalicen, y trabajar con las familias para que asuman responsablemente el papel que les corresponde en el proceso de socialización y formación de los niños y niñas.

En el caso de jóvenes que ya estén involucrados en asuntos de violencia y delincuencia, hay que asumir dos posiciones: una, orientada a facilitar la salida de las actividades criminales, mediante la oferta de oportunidades de desarrollo e inserción social, y, dos, una acción legítima de seguridad y justicia frente a quienes persistan en acciones delincuenciales.

En el primer caso se necesita ejecutar programas y proyectos orientados a atraer a jóvenes involucrados en asuntos de violencia y delincuencia, para lo cual es preciso contar con ofertas educativas, formación para el trabajo, generación de ingresos económicos y actividades culturales, recreativas y deportivas, todas ellas flexibles, dinámicas y que estimulen procesos de reconciliación.

En el segundo caso, hay que fortalecer el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes, aumentar las penas a los delincuentes que instrumentalizan a menores y juzgar, sancionar y resocializar de manera distinta a los menores que han cometido varios asesinatos.

HUGO ACERO VELÁSQUEZ

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