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Barras bravas o delincuentes

Barras bravas o delincuentes

Algunas de estas barras bravas manejaban la boletería de determinadas tribunas y las revendían.

08 de agosto 2021 , 11:57 p. m.

Lo sucedido en El Campín en días pasados es el reflejo de los enfrentamientos programados y aplazados que existen entre algunas barras de distintos equipos de fútbol que interactúan en la ciudad; enfrentamientos que, antes del regreso de los aficionados al estadio, ya se venían presentado en varios barrios de la ciudad y han producido muertos y heridos; violencia que se ha venido retroalimentando de amenazas, venganzas y asesinatos, donde el ‘ojo por ojo’ va a seguir siendo lo predominante.

Hay que anotar que la gran mayoría de las barras son integradas por ciudadanos pacíficos, que solo quieren acompañar a su equipo y lo que menos esperan es que los equiparen con las barras bravas, nombre con el cual se identificó a algunas barras desde los años 90, parodiando el fenómeno de los ‘hooligans’ en Inglaterra, donde, tras largos años de enfrentamientos y asesinatos entre sus miembros, terminaron ejecutando las tragedias de los estadios de Heysel (Bélgica) en 1985, que dejó 39 muertos, y de Hillsborough (Inglaterra) en 1989, con 96 muertos, lo que llevó a que el Gobierno inglés tomara drásticas medidas. Ojalá se adopten medidas para que esto no suceda en Colombia.

Algunas de estas barras bravas, antes de la pandemia, con la anuencia de los directivos de los equipos manejaban la boletería de determinadas tribunas y las revendían, controlaban la venta de drogas, alcohol ilegal y otros productos dentro de los estadios, y en sus entornos y no en pocas oportunidades presionaban a los directivos para definir qué jugadores y entrenadores debían quedarse o salir de los equipos.

Toda esta ilegalidad y violencia han sido posibles porque muchos equipos y algunos directivos del fútbol se han comportado de la misma manera, y este accionar delincuencial no se va a acabar hasta cuando estos y las instituciones estatales de seguridad y justicia asuman soluciones de fondo. Por información recogida con algunos miembros de estas barras, no se está ante jóvenes indisciplinados, algunos son verdaderos delincuentes.

Para dar solución a esta problemática, las autoridades tienen que revisar los distintos esfuerzos que se han hecho en el país y mirar, además de las experiencias internacionales, algunos trabajos que se han elaborado sobre pandillas y comportamientos violentos de los jóvenes. En particular, hay que tener en cuenta el estudio del Cerac ‘Las barras del fútbol en Colombia: balance de la producción académica y algunas reflexiones sobre el cubrimiento periodístico, programas y normatividad 2000-2008’.

Además, hay que tener en consideración algunas de las medidas que tomó el Gobierno inglés para enfrentar la violencia de los ‘hooligans’, que se pueden ver en el Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010, del Pnud, y entre las cuales se destacan: considerar que las barras bravas son un fenómeno sociocultural del país y no del fútbol; por eso ordenaron, como primera medida, un estudio para dar una respuesta integral al problema; los clubes crearon y financiaron grupos de logística dentro de los estadios para que la policía pudiera controlar de mejor manera los entornos; se crearon grupos especializados de investigación criminal para poner a disposición de la justicia a los miembros de las barras que cometían delitos; se carnetizó a los miembros de las barras y se unificaron los criterios de seguridad en los estadios y sus entornos.

Hoy hay que continuar con la apertura de los estadios porque los equipos y la gran mayoría de los aficionados así lo requieren, pero las acciones de las autoridades de seguridad y justicia deben orientarse a identificar y judicializar a los miembros de las barras que realizan actividades violentas y delincuenciales, así como ejecutar otras acciones que han dado resultado en otros países.

HUGO ACERO VELÁSQUEZ

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