Dilan Cruz, memoria e historia

Dilan Cruz, memoria e historia

El reportaje sobre el homicidio de Dilan Cruz crea una sensación de tridimensionalidad al espectador

24 de marzo 2020 , 11:31 a.m.

La columna bicentenaria ha dado un giro a Historias en público. Nuestros textos se extenderán a la reflexión conjunta sobre las complejas experiencias humanas en el tiempo, la la comprensión crítica de nuestro presente y el fomento decidido de la imaginación histórica.

Tal vez el episodio más dramático de las protestas contra el gobierno Duque a finales del año pasado fue la muerte del estudiante Dilan Cruz como consecuencia del disparo de un proyectil por un miembro del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía, en el centro de Bogotá. Al respecto se ha escrito mucho y se ha dicho mucho más: que si el arma o la munición había sido alterada con el propósito de causar más daño, que si se trató de un homicidio doloso, preterintencional o culposo, que si el Esmad debe entrar en acción como último recurso o debe, más bien, desaparecer para siempre… Como historiador, me interesa, en cambio, la posibilidad —inesperada a primera vista— de pensar en las diferencias entre la memoria y la historia que ofrece un reportaje en video sobre este caso, realizado por el periódico El Colombiano y visible aquí.

Los realizadores reunieron 13 videos de los hechos en los que Dilan Cruz quedó herido de muerte. Es muy probable que los hayan encontrado en redes sociales y que se trate, sin excepción, de videos filmados con teléfonos celulares: cada uno muestra lo que vio el dueño del aparato. En la producción de cine y televisión, este tipo de filmación se llama plano o cámara subjetiva. Lo más interesante del reportaje en cuestión es que multiplica simultáneamente los puntos de vista, creando lo que podría llamarse un plano intersubjetivo o una cámara intersubjetiva. Al hacerlo, da al espectador la sensación de estar viendo una película en tercera dimensión. Me explico.

Las imágenes tomadas por una cámara presentan, como es lógico, un solo punto de vista: el del camarógrafo, que puede ser hoy en día cualquier dueño de teléfono celular, es decir, cualquier persona. Las imágenes en movimiento (pues no se trata de cámaras fotográficas) quedan aplanadas en las dos dimensiones de la pantalla que las reproduce. En el reportaje sobre el homicidio de Dilan Cruz, la reproducción simultánea de varios videos permite al espectador ver cada momento de la acción desde diferentes ángulos al mismo tiempo, creando una sensación de tridimensionalidad, una primera muestra de lo que podría ser un entorno de realidad virtual.

El trabajo del historiador se parece, de alguna manera, al trabajo que hicieron los realizadores del reportaje (lo que llamo cámara intersubjetiva): para interpretar el pasado de la manera más fina posible, el historiador no puede contentarse con hacer preguntas a un solo documento. Sin embargo, su labor ofrece más probabilidades de éxito: mientras que la apuesta principal del reportaje es confrontar varios documentos, pero de la misma naturaleza (imágenes en movimiento), el historiador está obligado por ética profesional a comparar también varios documentos, pero de diferente naturaleza, si quiere entender mejor el asunto de su interés. En este caso específico, los videos solos no son suficientes, así fueran cien o mil, para responder todas las preguntas que dejó el homicidio de Dilan Cruz.

La memoria humana, por su parte, se parece más bien a cada uno de los videos de los hechos en cuestión (cámara subjetiva), pues reproduce un solo punto de vista: el de cada testigo. Sin embargo, la memoria está en desventaja frente a la cámara de video. Para entender cómo una persona capta hechos como los mencionados y cómo los evoca después hay que tener en cuenta no solo la variabilidad de precisión de sus sentidos, sino también su estado emocional y la intensidad de su atención y motivación sobre el estímulo al momento de captarlo; hay que tener en cuenta, además, que los recuerdos de los hechos son transformados internamente al evocarlos. Los estudios psicológicos sobre testigos presenciales ya lo han demostrado: la memoria humana no es una memoria USB.

La memoria humana es, más bien, una facultad innata que puede ser desarrollada individualmente con la práctica. La historia, tal como la conocemos, es un oficio desarrollado por comunidades académicas en los últimos 200 años. Ambas nos permiten comprender mejor el pasado: qué pasó, dónde, cuándo, con quién, cómo y, sobre todo, por qué pasó. Al igual que las cámaras del reportaje sobre Dilan Cruz, una es subjetiva y la otra, intersubjetiva. Mientras que la memoria individual, por su naturaleza misma, reduce los puntos de vista al mínimo, la historia tiende a multiplicarlos al máximo. La memoria es indispensable para el oficio del historiador, de eso no hay ninguna duda. Pero si lo que se busca es entender mejor el pasado, fiarse únicamente de ella es un grave error.

Carlos Camacho
Docente-investigador de la Universidad Externado de ColombiaLogo por Lucas Jaramillo, https://bw24h.com/

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