Petro y la verdad incómoda

Petro y la verdad incómoda

Lo que les incomoda es la carga de profundidad de la política pública que promueve.

25 de diciembre 2018 , 11:50 p.m.

Fuerzas poderosas, legales e ilegales, sin disimulo, han decidido no permitir que Petro llegue a la presidencia. Hasta ahora han usado recursos mediáticos, jurídicos, de matoneo moral, de asfixia económica, etc., pero conociendo las profundidades de lo que está en juego, no es de extrañar, si no lo pueden quitar del camino, que intenten dirimir el asunto con el aniquilamiento físico. Casos se han visto.

Así pues, lo que está en juego durante por lo menos tres décadas venideras, tanto para Colombia y Latinoamérica como para el mundo, por supuesto, no es de poca monta y rebasa las querellas mediáticas en las que se mueve, por cálculo o ignorancia, el debate doméstico. El asunto, por el contrario, está ligado a la transición en la que las sociedades se encuentran embarcadas a causa de la irrupción de fenómenos emergentes que, entre otras, han obligado a variar la agenda pública. Gustavo Petro, separado de ataduras del pasado, logró oler los nuevos vientos y se embarcó en la tarea de promover una propuesta de modelo económico, social y político al que ha denominado Colombia Humana.

Sin carretas, pues lo que les incomoda a los contradictores de Gustavo Petro, sin duda, es la carga de profundidad de la agenda de política pública que promueve. Más allá de las propuestas de ‘marketing’ electoral, maquillaje de eslóganes para seguir haciendo más de lo mismo, Petro le mete diente a una iniciativa de cambio estructural, siguiendo al pie de la letra el original de la Constitución, como se recuerda, escrita por la fuerza de mayorías relativa en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, como lo fue la bancada del M-19. Así lo proclama Petro sin ocultamiento.

Entonces, parafraseando el título de la conferencia sobre cambio climático del exvicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, la verdad incómoda que alienta Petro tiene que ver, ni más allá ni más acá, con el cambio del modelo económico actual (depredador, extractivista, acumulador de rentas y corrupto) por uno movido por energías renovables, abandonar el rentismo por la productividad agraria, asumir las metas del modelo de desarrollo sostenible del milenio, cuidar los recursos naturales, garantizar el acceso al derecho al agua, al conocimiento, y la educación superior gratuita, con la democratización de las riquezas y del derecho a la propiedad.

La tercera y cuarta revolución, lo dice Petro, aunque ello eriza el pensamiento de antiguos copartidarios de adentro y de afuera, todos atados a la economía del rentismo petrolero y carbonífero, y molesta a contradictores amarrados a los negocios caducos de las energías fósiles. Los pretéritos paradigmas de ‘fantasmas recorriendo el mundo’, de la ‘violencia partera de la historia’, de la lucha de clases entre proletarios y patronos, entre otros, ante la agenda emergente del apocalipsis planetario, imponen la edificación de nuevos referentes movilizadores, ligados al concepto de ciudadanías, incluidas las nacientes ciudadanías aplastadas por los estigmas del atraso y la violencia.

Por supuesto, el alto voltaje de la agenda pública de la transición energética en Colombia y el mundo, incomprendida por muchos, reducida por otros y controvertida por los negacionistas (igual Trump que Maduro), hacía inevitable para Petro organizar una colectividad política para salvar nubarrones que se anunciaban, entre los cuales está la prohibición de postulación de candidaturas presidenciales mediante el mecanismo de los grupos significativos de ciudadanos. El CNE se la ha negado por segunda oportunidad, echando mano a los argumentos formales del porcentaje del umbral, desconociendo la evidencia sustancial de la calidad ostentada por Petro como senador con ocho millones de votos. Lo demás es carreta.

HÉCTOR PINEDA S.
En Twitter: @tikopineda

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