Huele a podrido, Presidente

Huele a podrido, Presidente

Estamos pasados de tiempo para tomar medidas drásticas con los uniformados corruptos.

12 de enero 2020 , 10:10 p.m.

Que los malos sean malos es aterrador pero comprensible. La maldad se encuentra en los malos como los peces en el agua. Es cuando la maldad brota de los buenos que las sociedades tienen que hacer un alto y repensarse, so pena de que el edificio se venga abajo por una falla en los cimientos. Y ese momento de reflexión debe incluir correctivos de cuya efectividad depende el futuro.

Lo hemos visto en la Iglesia católica con los casos de pederastia. Los abusos son pavorosos, pero el gran dolor es que provengan de personas que dedicaron su vida a hacer el bien. Sacerdotes malsanos que aplicaron aquello de amarse los unos a los otros, pero en la cama, con menores y de manera abusiva. El drama que afronta la Iglesia tiene mucho que ver con haber encubierto a los delincuentes y con la evidente debilidad de los correctivos.

Sucede algo parecido hoy con el Ejército, para tristeza de quienes admiramos la institución y le agradecemos la cuota de sacrificio que ha honrado durante décadas para protegernos. Las revelaciones de la revista ‘Semana’ sobre interceptaciones ilegales (además de ilegales, inmorales, viniendo de servidores cuyo uniforme está tejido con los hilos del honor) tienen que conmover profundamente a esta sociedad. Especialmente a quien la lidera por mandato constitucional y, además, es el superior de los miembros de la Fuerza Pública que han transgredido los límites de la ley y la decencia.

En todos los tonos, y corriendo altísimos riesgos, los periodistas le han comprobado a la opinión pública, y al señor Presidente, que un grupo de uniformados ha venido adelantando interceptaciones sin autorización legal, en favorecimiento de oscuros intereses. La respuesta del Gobierno ha sido la negación de los hechos, la protección de quienes han delinquido y, cuando más, un puñado de salidas verbales con aire de lugar común. Enormes índices de transigencia se han tenido en el Gobierno sobre el escándalo de las chuzadas, por lo que el viento se lleva frases de Iván Duque como aquella de “aquí hay cero tolerancia con cualquier conducta de miembros de la Fuerza Pública que atente contra la Constitución y la ley”.

El gobierno, cándido, toma jugo hecho con manzanas podridas

Al señor Presidente, persona de cuya honorabilidad no dudo, hay que recordarle algunos de los elementos de esta macabra trama: oficiales espiando a magistrados que tienen en sus manos el futuro jurídico del jefe político del partido de gobierno, uso indebido de elementos de interceptación (algunos de ellos en traición a agencias de inteligencia de países aliados), entrega de información obtenida ilícitamente a un miembro del Centro Democrático, lucro de uniformados con dineros públicos y recursos de la comunidad internacional destinados a la lucha contra el delito, trabajo en conjunto con oficiales retirados por faltas al servicio y a la ley, cercanía con delincuentes para adelantar operaciones, presiones indebidas a periodistas y miembros de la oposición y encubrimiento de oficiales que han incurrido en conductas criminales, por citar solo algunas de las más repugnantes.

Pida que le muestren, como a mí, señor Presidente, la lápida que le mandaron a un periodista con su nombre grabado en ella, y que ‘Semana’ reveló distorsionando esa parte del tétrico envío. Dice usted que “donde hay manzanas podridas, hay que aplicar sanciones ejemplares”. El balance de sus palabras frente a las acciones que ha tomado pareciera indicar que no tiene el conocimiento de la existencia de tales manzanas y sus numerosos gusanos. O que considera que son muy pocas las manzanas dañadas como para hacerle daño a la canasta. Error: el daño está hecho.

El Gobierno, cándido, toma jugo hecho con manzanas podridas. En el Ejército, la canasta escurre por debajo y no hay mantel que disimule la descomposición.

GUSTAVO GÓMEZ CÓRDOBA

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