Entrecomillados

Entrecomillados

La honra de nadie vale algo en las redes sociales. En especial la de los periodistas.

17 de marzo 2019 , 11:50 p.m.

Todo aquel que navegue en redes estará de acuerdo en que la honra no vale un céntimo. Y ni qué decir de la de los periodistas, asfixiada entre amenazantes comillas como estas, de deprimente uso común:

“Periodismo prepago”. La del uso de prefijos (como pre) es una de las inquietudes más comunes que plantean a la Real Academia Española. Imposible negar la existencia de periodistas prepago, vale decir, que reciben dineros o beneficios por lo que dicen. La corrupción pelecha en todos los oficios y profesiones, pero en Colombia, el inri de periodista prepago se aplica sin necesidad de comprobar la deshonestidad. El prepago en redes es quien cuestiona los intereses políticos, comerciales o religiosos de otro. Así de prostituido está un neologismo que también se usa para referirse a las personas que comercian con su cuerpo. Para enredar más el asunto, diríamos entonces que ‘prepago’ es una palabra que llega clonada al mundo del periodismo. Clonación que nada tiene que ver con el proceso real.

“¿Y esto no es noticia?”. Pregunta que nació destinada a ser una especie de lugar común con vocación de ‘hashtag’. Se la suele acompañar con las direcciones en redes de varios periodistas a los que se les reclama por qué hablan, por ejemplo, del video de una matanza al otro lado del mundo, pudiendo atender los bloqueos en el Cauca. O por qué informan de los bloqueos, cuando la noticia más importante es la matanza. Da igual. La gente suele fustigar a los periodistas por meterse en todo y, además, opinar, ¡pero exige en redes que por cada asunto noticioso haya un trino y se fijen posiciones! Esa manifestación de opinión, a la que los periodistas llegan generalmente por obligación, es punto de partida para unos cuantos aplausos y toneladas de insultos.

“¡Dejen de ocuparse de Venezuela!”. Antes de la actual tragedia venezolana, era común que los colombianos repitiéramos como loros que Bolívar creía que Colombia era una universidad; Ecuador, un convento, y Venezuela, un cuartel. Esos venezolanos a los que miramos por encima del hombro conocen mejor nuestra historia que nosotros la de ellos y entienden sus relaciones. Por eso sigue siendo una torpeza que, sintiendo en carne propia que el destino de Venezuela nos afecta, insistamos en que la prensa le baje la temperatura al cubrimiento del vecino. Se llama parroquialismo y es el enemigo mortal del desarrollo.

El periodista es el menos poderoso de los poderosos

“Usted no es un periodista objetivo”. No conozco a ningún periodista objetivo. El periodismo es un oficio subjetivo. Cuando el reportero escoge una óptica, cuando el editor titula, cuando el conductor radial pregunta, cuando el jefe de redacción escribe un pie de foto... siempre median modos de pensar o sentir. Solo las tostadoras podrían ejercer el reclamado periodismo objetivo. Cosa muy diferente, y esa sí esencial, es el equilibrio. Los periodistas resultan siendo, más bien, un objetivo. Aparte de la vida real, las redes son inmejorable coto para cazarlos.

“Periodista”. El empleo de las comillas para referirse a un periodista es una manera de cuestionar con ironía su ética. Se trata de un uso válido de este signo ortográfico, y aparentemente resultaría menos grotesco que meterse con la progenitora del comunicador. A las madres de periodistas las entristece tanto que se ponga en tela de juicio la probidad de sus hijos que tal vez preferirían el madrazo frentero al canalla entrecomillado. Ellas saben que el periodista es el menos poderoso de los poderosos, el más tonto de los astutos, el menos petulante de los soberbios, el más débil de los robustos, el menos obvio de los juiciosos, el más de los menos y de los más, el de menos.

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Grima. El clan Besaile promete candidatos integérrimos para las próximas elecciones. No son buenos ni para mentir.

GUSTAVO GÓMEZ CÓRDOBA

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