El odio más antiguo

El odio más antiguo

Hijo del prejuicio y la insensatez es el antisemitismo, que asoma las orejas en estos predios.

24 de marzo 2019 , 11:51 p.m.

De José Luis González Díaz se sabe poco, sabiendo él mucho. Pasó más de tres décadas dedicado al trabajo de escritorio en el Ministerio de Hacienda español, tarea que uno puede pensar no es precisamente la más entretenida. Suelen los burócratas combatir el formalismo de su oficio combinándolo con actividades intelectuales. Lo hizo Einstein, que parió sus teorías revolucionarias mientras trabajaba en las oficinas de patentes de Suiza, y es el caso de don José Luis.

Eso de juntar en un mismo párrafo a González con Einstein es una estrambótica comparación. Lo entendería González, porque “comparaciones son odiosas” es una de las 21 mil frases que hacen parte de su delicioso libro compilatorio ‘Dichos y proverbios populares’. En orden alfabético, la frase siguiente es “comparar a Dios con un gitano”. El sentido es que hay cosas y seres de imposible cotejo por lo dispares que son, y la frase poco se usa precisamente por ser, en sí, una comparación odiosa (racista y xenófoba).

Gloria Flórez, esposa del ciudadano venezolano Carlos Manuel Pino, expulsado formalmente de Colombia hace unos meses, trinó: “Los nazis separaron a millones de familias, al menos les dejaron sacar una maleta y darse un abrazo antes de la barbarie. Hace tres meses mi esposo, padre ejemplar, fue retenido y expulsado arbitrariamente por Migración Colombia. No pudo abrazarnos, ni llevar su medicina”.

Al trino le llegó respuesta inmediata de Marco Sermoneta, embajador de Israel: “Claro, señora, seis millones de judíos fueron asesinados por los nazis, pero lo importante es que pudieron abrazarse y llevar una maleta”. Aunque Migración Colombia realizó la expulsión con apego a la ley, Flórez tiene derecho a que les duela a ella y a su familia la situación. En el despropósito de la comparación, la razón le asiste a Sermoneta.

Los judíos saben bien que este tipo de referencias, para muchos inofensivas, han sido efectiva semilla del antisemitismo: los judíos torturaron y crucificaron a Dios, los sabios judíos redactaron protocolos para dominar al mundo, los judíos son usureros que manejan a su antojo las finanzas universales, los judíos controlan a Estados Unidos, los judíos inventaron el comunismo y en su esencia está la subversión…

Prejuicios de todo tipo y tamaño se han acuñado por siglos para ellos, siempre con la idea de justificar el odio. El más reciente, muy en boga incluso entre personas que han pasado por las aulas, es comparar la situación de los palestinos frente a Israel con el Holocausto. ¡Los autores de tan repugnante parangón han logrado el despropósito de equiparar a Israel con el nazismo!

La historiadora brasileña Maria Luiza Tucci, experta en falacias sobre el judaísmo, lo explica así: “El mito también es historia, pues se constituye como seudosaber legitimador de la versión de aquellos que, por algún interés, insisten en la idea de que los judíos son una raza o un grupo indeseable”. Lo sabía Joseph Goebbels, efectivo esbirro de Hitler, al que se le atribuye aquello de “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

En la Alemania de los veinte, el tabloide ‘Der Stürmer’ cerraba todos los días su primera página con la frase “los judíos son nuestra desgracia”, acuñada en 1880 por el nacionalista Heinrich von Treitschke. Así, años antes del ascenso de Hitler, comenzaba el Holocausto, armado en sus bases con algo que parecería intrascendente, pero que ha demostrado el poder que tiene desde que ‘sapiens’ abrió su boca: la palabra.

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Grima. Mientras libraba la batalla contra la corrupción y la inmoralidad, el enemigo hacía de las suyas en la íntima retaguardia de la senadora María del Rosario Guerra. Y no es la primera vez que pasa. Es algo muy familiar para ella.

GUSTAVO GÓMEZ CÓRDOBA

Sal de la rutina

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