Cosmética militar

Cosmética militar

No logra el Gobierno resolver la crisis de un Ejército acosado desde dentro por la corrupción.

21 de julio 2019 , 10:52 p.m.

Atraviesa el Ejército una de las pruebas más duras de su existencia. Sus raíces se pierden en la historia misma del país antes de ser país, pero se tiene por oficial su nacimiento el 7 de agosto de 1819. Fue el día en que ganar la batalla de Boyacá le permitió a Bolívar apuntalar las decisiones de Angostura, donde nació una patria privada de angostura y, por el contrario, demasiado amplia para funcionar bien en la práctica.

Duele lo que le pasa al Ejército, porque está hecho de hombres y mujeres que lo forjaron para darnos la libertad. En los cuestionamientos a las conductas personales de sus miembros, no hay cosa diferente a la preocupación por que pueda debilitarse una de las bases que sostienen la república. Y la república es el acatamiento de la ley, de la cual no está eximido nadie, tenga o no soles en los hombros.

Aunque no es la primera vez que el Ejército experimenta crisis como la de las últimas semanas, ha sido una de las más profundas en materia de desgaste y descrédito. Tampoco es novedad que se hable de negocios de altos oficiales, de contrataciones oscuras, de malos manejos de dineros públicos y de tráfico de influencias. Donde hay presupuesto, hay sanguijuelas.

Un mes le llevó al Gobierno proveer soluciones que, vistas con cabeza fría, tienen más de paliativo que de punto final. Los retiros obligados de generales, algunos hechos de manera indelicada, tienen aire de decisión salomónica: decapitaron oficiales de los bandos que representan los poderes internos que pujan hoy en el Ejército, en un episodio donde justos pagaron por pecadores. Deshonestidades disimuladas, presentándolas como simple guerra intestina de antiguas y nuevas cúpulas.

Al ministro de Defensa, a quien le tienta más ponerse a la defensiva que tener la casa en orden, se lo sigue manteniendo alejado de preocupantes realidades que no van a camuflarse con faenas cosméticas. Estamos en el capítulo de los generales y coroneles, pero se ha abierto una caja de Pandora de la que pronto brotarán casos nada transparentes que involucran a oficiales de menor rango. Militares que han protagonizado o presenciado reprochables conductas de enriquecimiento.

Grandes perdedores de la jornada, también las entidades de control, que demostraron ineficiencia en el desarrollo de investigaciones suspendidas en el tiempo o engavetadas. El brigadier general César Parra, que acaba de ser retirado del servicio, por ejemplo, está siendo investigado en la Fiscalía y Procuraduría, pero aún no se conocen los resultados.

El problema de las Fuerzas Militares no está en los manuales, sino en la ética

De la Comisión de Excelencia Militar, no obstante estar formada por personas juiciosas y de altas calidades, tampoco pueden esperarse milagros. Su tarea es la de analizar los estándares y protocolos de funcionamiento de la Fuerza Pública, pero carece de dientes para enfrentar los casos de corrupción. El problema de las Fuerzas Militares no está en los manuales, sino en la ética.

El general Nicacio Martínez, comandante del Ejército, no puede pensar que ha logrado capotear con éxito la tormenta. Aunque conserva el puesto, y consiguió con la purga deshacerse de un oficial que orquestaba maniobras para sucederlo, salió mal librado en términos de gobernabilidad y no la tiene fácil para liderar el Ejército. Soplan muchos vientos como para que pueda mantenerse firme.

‘Patria, honor, lealtad’ y honestidad. La palabra ausente del lema oficial es la más valiosa. Los soldados decentes, que se sacrifican en defensa del país, merecen que las manzanas podridas, y sus gusanos, sean retiradas pronto de la canasta. Y expuestos públicamente.

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Grima. Aprovechó Ernesto Macías una oportunidad que le dio la vida para cumplir el sueño de graduarse en alta lisonja. Ironía grande: ¡dejó su lagartería grabada en piedra!

GUSTAVO GÓMEZ CÓRDOBA

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