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Voz interior y silencio mental

Voz interior y silencio mental

Las divagaciones humanas suceden al azar, tomando datos de las memorias de la persona.

19 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

Todos sabemos con claridad el significado de dos expresiones complementarias pero excluyentes: voz interior y silencio mental. Si la primera está activa, esto es, estamos pensando o divagando, pues hay actividad –hay ruido– en la cabeza. El silencio, por otra parte, aparece tan pronto tomamos consciencia del revoloteo mental… La mente, por alborotada que se encuentre, cuando la observamos, se queda quieta y callada.

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La voz interior, por lo demás, habla casi todo el tiempo, en primera persona: 'Mi trabajo hoy está complicado' o 'tengo que pagar esa cuenta'. El formato es variable, dependiendo de cada individuo, sean imágenes o nombres, historias reales o recuerdos imaginarios. Cuando le prestamos atención, la voz suele quedarse callada.

Esta atención intencional, cuando practica en quietud y silencio, es… meditación. Así debieron inventar los asiáticos del Lejano Oriente tal práctica hace cinco milenios. Meditar, en su forma básica, es observar la mente y sus movimientos; convertir la autoobservación en un hábito permanente de la vida diaria es atención total. Se ha escrito e investigado mucho sobre ruidos y silencios; los primeros tienen diversas expresiones (nombres, historias, música, imágenes…). Esta nota se centra en nuestra voz interior… y en el silencio que aparece cuando aquella se aquieta.

El revoloteo mental es mucho más que monólogos; allí, por supuesto, surgen narraciones, imágenes, sonidos... En la película que nos estamos proyectando, que es principalmente narrada, hay protagonistas, conocidos y desconocidos, con cero o mínimas restricciones lógicas, geográficas o de tiempo. Aunque nuestros monólogos continuos se consideran normales, las formas obsesivas sobre situaciones negativas requieren casi siempre atención especializada.

El revoloteo mental es mucho más que monólogos; allí, por supuesto, surgen narraciones, imágenes, sonidos.

Las narraciones de nuestros desordenados e inciertos cortometrajes mentales resultan difíciles de estudiar, aun para los investigadores consagrados y perseverantes… La mayoría de las veces, cuando le preguntan a una persona '¿qué está usted pensando ahora?', la respuesta corriente es 'en nada'… o en algo diferente a lo que realmente ronda por su cabeza.

Las conexiones cerebro-computador, en las que ya hay progresos notables, quizás consigan pronto convertir rodeos etéreos en textos significativos con sentido. Por supuesto que la información adicional en la cual los académicos podrían estar más interesados (¿hay voces adicionales? ¿dónde ocurren los eventos? ¿cuál es su estado de ánimo? ¿qué tan seguro está usted de sus memorias?) siempre será imprecisa, tanto en las entrevistas directas, cara a cara, como cuando las interfaces computarizadas estén disponibles.

Las divagaciones humanas suceden al azar, tomando datos de las memorias reales o ficticias de la persona. La lógica o la mecánica de su ocurrencia no son todavía conocidas, y es arduo sacar conclusiones de un fenómeno tan complejo y confuso como la interacción cerebro-mente… Más aún si tenemos en cuenta que, en el experimento mismo, estamos simultáneamente perturbando lo que estamos observando y estudiando.

En el caso particular de este servidor, sus revoloteos, aunque carezcan de organización o lógica (como los de casi todo el mundo), igualmente influyen en su manera de pensar en el día a día. Puede suponerse que existen efectos similares en las divagaciones de la mayoría de las personas… Y quizás de todo el género humano.

La voz interior –su narrativa, su cronología, su sensatez o necedad– tiene un comportamiento aleatorio; es común referirse a ella como la voz de la consciencia, denominación esta, por lo demás, apropiada… Una especie de estación de radio que transmite el monólogo permanente de la mente, reportando, sin mucho juicio, lo que está pasando a cada momento por la cabeza.

Y de la misma forma como olvidamos rápido lo que dijeron anoche en el noticiero o leímos esta mañana en el periódico, las 'transmisiones divagatorias', por más que les pongamos cuidado, también las olvidaremos pronto.

GUSTAVO ESTRADA
Autor de Armonía interior y Hacia el Buda desde Occidente@gustrada1

(Lea todas las columnas de Gustavo Estrada en EL TIEMPO, aquí)

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