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Resiliencia y resistencia

Resiliencia y resistencia

Aún existen muchas preguntas por resolver en el territorio de la resiliencia individual.

15 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

‘Resiliencia’, una palabra más de los medios académicos y las revistas especializadas que de las noticias diarias, significó originalmente “la capacidad de un material para recuperar su tamaño y su forma, después de ser alterados por un golpe o una tensión”. Los objetos elásticos, por ejemplo, pueden estirarse o doblarse, pero al soltarlos, por su ‘alta resiliencia’, retoman pronto sus cualidades iniciales.

En el contexto del siglo XXI, la expresión se aplica a los seres humanos para referirse a la capacidad, tanto individual como grupal, que tenemos para retomar los comportamientos normales, después de haber sido afectados por tragedias mayores, sean epidemias, catástrofes o guerras. Aunque el interés sobre el tema es notable y la aplicación de la resiliencia luce atractiva, su implantación, sea organizacional o regional, es compleja, incierta y lenta.

Abundan las mediciones, las investigaciones y... las especulaciones. Es de aceptación general, eso sí, que el incremento de la resiliencia colectiva tiene que comenzar por abajo, a nivel individual, pasar por los grupos menores y medianos –empresas, universidades, gobiernos– para llegar finalmente a los rangos más altos. La complejidad de la resiliencia misma y de su implantación crece con el número de personas involucradas.

FM Global, una aseguradora norteamericana de Rhode Island, ha calculado el índice de resiliencia para todo el planeta. La lista la encabezan Estados Unidos, Canadá y los países de Europa occidental (incluyendo Escandinavia), seguidos por Australia, Japón, Nueva Zelanda... La mayoría de los países africanos se encuentran en los lugares inferiores del ranking. La secuencia completa, como era de esperarse, es paralela a la tabla de ingresos por cápita que prepara el Banco Mundial.

La compañía de seguros mencionada considera que el incremento progresivo de la resiliencia social, desde abajo hacia arriba –empleado, grupo, empresa, corporación, o individuo, suburbio, ciudad, provincia– conduciría automáticamente al aumento de la resiliencia en el colectivo total. Fácil decirlo...

La resiliencia, según los especialistas, es una cualidad innata de los seres humanos que puede ser medida y mejorada; de esta posibilidad provienen tanto el alto interés actual alrededor del tema como su potencial de influir en el comportamiento organizacional. No obstante, la medición y los cálculos de la resiliencia son mucho más inciertos y especulativos que para otras variables más concretas, como el nivel educacional o el coeficiente de inteligencia promedios de los diversos grupos o estratos sociales.

Las definiciones y los estudios de los temas de moda tienden a multiplicarse. El objeto de caucho antes mencionado retoma su tamaño normal en fracciones de segundo, y tanto el proceso como sus efectos son visibles y medibles al instante. El colectivo humano de una región geográfica, en el otro extremo, necesita décadas para recuperarse de una guerra o de un terremoto.

Otra definición que aparece en la red, y que suena diferente a la ya presentada, dice que resiliencia es la capacidad de adaptarse frente a las perturbaciones o a las adversidades y da una idea del grado de complejidad e imprecisión que esta variable puede tener.

Para enfatizar tal complejidad y para efectos comparativos, la definición de resistencia (una parienta cercana de la resiliencia), de un individuo o un grupo. Resistencia es la capacidad de aguantar, tolerar u oponerse a algo. Su magnitud puede determinarse, con facilidad y con un grado confiable de exactitud. Sencillísima y fácil tanto de comprender como de medir, ¿verdad?

La resiliencia, en cambio, es abstracta y difícil de cuantificar. Hay pues mucho por aprender, investigar y experimentar, antes de aventurarse en proyectos gigantescos alrededor de la resiliencia, sean gubernamentales o privados. Los beneficios concretos y la forma de materializarlos todavía tienen muchos signos de interrogación.

El hecho mismo de que aún existen muchas preguntas por resolver en el territorio de la resiliencia individual, hace evidente que las aplicaciones prácticas de la resiliencia social están aún por concretarse en términos cuantitativos, reconociéndose, eso sí, que es una noción interesante y promisoria… Una especie de mina de oro de la cual su tamaño y su potencial exactos están aún por determinarse.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Armonía interior’ y ‘Hacia el Buda desde occidente’ @gustrada1

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