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Reserva cerebral y reserva cognitiva

Reserva cerebral y reserva cognitiva

La reserva cognitiva ayuda al cerebro a lidiar con las fallas que enfrentará en el futuro

10 de agosto 2021 , 09:00 p. m.

Reserva es algo que se mantiene como recurso alterno para utilizarlo cuando la fuente normal de suministro falla en capacidad o calidad. Esta nota se refiere a dos provisiones humanas: la reserva cerebral y la reserva cognitiva.

La primera es la capacidad de recuperación del cerebro para continuar funcionando de forma adecuada cuando surgen los deterioros inevitables del tiempo. Una vez se excede esta capacidad, aparecen las manifestaciones del detrimento mental o la demencia. La reserva cerebral es constante y definida, y carecemos de poder para influir sobre ella; la reserva cognitiva es individual y allí sí tenemos la posibilidad –la obligación– de aumentarla... como una especie de ahorro para nuestros años tardíos.

La segunda reserva, la cognitiva, es la facultad de ajustarnos a los efectos de la patología asociada con la vejez y la demencia, y manejar así tantas anomalías como nos sea posible; la reserva cognitiva es, entonces, la capacidad de resistencia de la mente al daño cerebral.

Existen límites que presagian la aparición de las manifestaciones clínicas de la demencia. Según Harvard Health Publishing, la reserva cognitiva se desarrolla durante toda una vida de educación y curiosidad para ayudar al cerebro a lidiar con las fallas que ha de enfrentar en el futuro.

El concepto de reserva cognitiva se originó en los años ochenta, cuando los investigadores del tema encontraron numerosos casos de personas, sin síntomas de demencia, pero que en sus autopsias presentaron cambios cerebrales similares a los de un alzhéimer avanzado. Estos individuos no mostraron indicios negativos cuando aún vivían, debido a que poseían una reserva cognitiva significativa que compensaba los daños y les permitían funcionar normalmente.

La reserva cognitiva puede considerarse como la resistencia mental al daño cerebral.

Varios estudios posteriores han demostrado que las personas con reserva cognitiva significativa pueden manejar mejor los cambios cerebrales degenerativos asociados con la demencia u otros problemas cerebrales como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple o los accidentes cerebrovasculares. Una reserva cognitiva sólida ayuda a alguien a funcionar mejor por más tiempo, aun si está expuesto a eventos inesperados, como el estrés intenso o la contaminación ambiental.

La reserva cerebral se refiere a los aspectos estructurales del cerebro, como su tamaño y el recuento de sus sinapsis. La reserva cognitiva, por su parte, es la capacidad de optimizar y maximizar el rendimiento. Ambos recursos son importantes: El primero es producto de la naturaleza; el segundo depende de cada individuo.

La reserva cognitiva puede considerarse como la resistencia mental al daño cerebral, que explica las razones por las cuales quienes tienen un alto coeficiente intelectual o una educación sobresaliente, presentan cambios clínicos o cognitivos menos alarmantes, en presencia de patologías relacionadas con la edad o la demencia.

La hipótesis anterior de la reserva cognitiva sugiere que las diferencias individuales en la forma cómo se procesan las tareas proporcionan defensas contra la patología cerebral. Asimismo, la reserva cognitiva permite a los individuos tanto una mayor eficiencia neuronal como una mejor utilización del cerebro. El aprovechamiento de la reserva cognitiva permite una detección temprana y una caracterización mejor de los cambios cognitivos relacionados con la edad y la enfermedad de Alzheimer.

Debe destacarse que la reserva cognitiva no es invariable, sino que evoluciona a lo largo de la vida. Por lo tanto, incluso las intervenciones, aun en las etapas tardías, son prometedoras para aumentar la reserva cognitiva y, en consecuencia, reducir los efectos del alzhéimer y de otros problemas relacionados con la edad.

Existen pues claros signos de que, a lo largo de nuestra vida, podemos crecer nuestra reserva cognitiva, disminuyendo así las posibilidades de sufrir de demencia senil en los años tardíos. Nada podemos hacer –no todavía– con nuestra reserva cerebral.
La alternativa es entonces ejecutar todas aquellas otras actividades que favorecen la reserva cognitiva… Y así, mediante la sumatoria de una porción ‘cerebral deteriorable’ y de una ‘porción cognitiva controlable’, seremos potencialmente más efectivos y útiles… para nosotros mismos y para la sociedad.

GUSTAVO ESTRADA
Autor de ‘Hacia el Buda desde occidente’ y ‘Armonía interior’
@gustrada1

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