¿Qué debemos observarnos?

¿Qué debemos observarnos?

Para el Buda, el sexto sentido era la mente, la consciencia, y la palabra ‘nervios’ no existía.

10 de julio 2019 , 07:00 p.m.

La meditación de atención total es la observación imparcial de cuatro conjuntos de objetos o fundamentos: (1) el cuerpo mismo del practicante, incluyendo algunas de sus funciones, como la respiración; (2) las señales nerviosas o sensaciones (visuales, auditivas, olfativas, táctiles, gustativas o mentales), sean estas claras o sutiles; (3) los estados mentales, tales como codicioso versus desprendido, o concentrado versus distraído, y (4) la vivencia —la experiencia directa— de las enseñanzas del Buda.

Estos conjuntos se conocen como los objetos de la atención y están descritos en detalle en el ‘Gran discurso de los cuatro objetos de la atención total’, el documento más estudiado por los eruditos del budismo. Su texto, transmitido al comienzo por tradición oral y, después del siglo I a. C., por escrito, podría ser bastante cercano a las palabras mismas del Buda, pronunciadas hace veinticinco siglos.

¿Es difícil la meditación de atención total? No, si hay determinación y disciplina; por el contrario, su práctica es sencilla y eventualmente natural. ¿Debe todo el mundo meditar? La respuesta es de cada persona. Este columnista sugiere la afirmativa, excepto si usted, amigo lector, es uno de esos seres excepcionales, como Jiddu Krishnamurti, el pensador hindú del siglo pasado, quien poseía una inclinación natural hacia la autobservación y el silencio, y fue educado desde niño en las prácticas del hinduismo.

El principiante bien puede meditar por el resto de su vida, limitándose a los dos primeros objetos de la atención, esto es, al cuerpo (observación de la respiración) y a las sensaciones

El gran discurso de los objetos es bastante extenso, unas 7.000 palabras. ¿Qué es positivo en su organización? Para cada fundamento aparecen las correspondientes instrucciones de meditación. Los textos para los fundamentos segundo y tercero, los más breves de los cuatro, contienen solo instrucciones y excluyen explicaciones teóricas.

Asimismo, los fundamentos son secuenciales, comenzando con la observación del cuerpo y, en particular, con la vigilancia cuidadosa de la respiración: “Cuando el aprendiz está inhalando, está consciente de la inhalación; cuando el aprendiz está exhalando, está consciente de la exhalación…” El principiante, realmente interesado, puede sostener sus prácticas meditativas alrededor de la respiración por semanas o meses... No existen afanes en el hábito de la meditación.

Los objetos, además, son progresivos. Después de algún tiempo de práctica, el aprendiz puede dirigir su atención a las sensaciones, a las ‘señales nerviosas’ de cada uno de los seis sentidos. Para el Buda, el sexto sentido era la mente —la consciencia — y la palabra ‘nervios’ no existía en la época del sabio.

Para reforzar la ‘sencillez’, el principiante bien puede meditar por el resto de su vida, limitándose a los dos primeros objetos de la atención, esto es, al cuerpo (observación de la respiración) y a las sensaciones (las señales nerviosas). Mientras que las instrucciones de meditación del tercer objeto, los estados mentales, son de complejidad intermedia; las del cuarto y último, la vivencia misma de las enseñanzas, son bien abstractas y complicadas de asimilar.

Por último, este columnista sugiere: siéntese y dedíquese a observar lo que está sucediendo en su interior físico y mental, así los ruidos vengan de afuera. No persiga, ni espere ni juzgue nada… En el mismo instante que aparezca un deseo, una expectativa o un juicio, tome consciencia de que “existe una meta o un interés en su cabeza”. Si en algún momento tales metas o intereses desaparecen, pues la observación de su ausencia es su presente, su ahora.

Absténgase de juicios… solo observe. Si se distrae, esté atento a la distracción; no trate de espantarla, ni siquiera considere alejarla. Espontáneamente la distracción se irá… Y aparecerá otra, que también se irá. No pretenda nada, no busque nada.

Entonces surge la armonía… ¿Ocurre el silencio? No, el silencio no ocurre, lo que sucede es el final de los ruidos. Y hay consciencia de que los ruidos —las divagaciones, los desvaríos, los desasosiegos— se apagan, se callan... Entonces hay silencio, y la mente del meditador está consciente de que hay silencio. En el mismo instante que algo en su cabeza se regocije o se fastidie con la ausencia de ruido, el silencio se acaba.

Cuando nos sentamos cómodamente, ojos cerrados, ambiente tranquilo, actitud pasiva para observarnos, solo puede haber ruidos o silencios; la atención a los ruidos y la consciencia de los silencios. Eso es meditación de atención total.

*Autor de ‘Hacia el Buda desde occidente’

@gustrada1

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