Los dioses también evolucionan

Los dioses también evolucionan

Si bien el Ser Supremo monoteísta es inmutable, la noción de divinidad no lo es.

17 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Richard Dawkins, en su reconocido libro El gen egoísta, hace una aseveración tan escueta que las explicaciones sobran. No obstante su significado, el autor dedica poco espacio al tema. Dice el biólogo inglés que, en la teoría de la evolución de Darwin, “la supervivencia del más apto es apenas un caso especial de una ley más general: la supervivencia de lo estable”. Y agrega: “El universo está poblado por entidades estables”.

La generalización del doctor Dawkins se refiere, por supuesto, a objetos tangibles, desde partículas subatómicas y genes hasta agujeros negros y galaxias. ¿Podría la supervivencia de lo estable extrapolarse a los dioses y las religiones que se inventaron los humanos? Con cierta flexibilidad, parecería que sí: los dioses y las religiones evolucionan antes de estabilizarse y crecer, o de ‘degradarse’ y desaparecer.

Si bien el Ser Supremo monoteísta es inmutable, la noción de divinidad no lo es. Las deidades mayores surgen de la sustracción de dioses menores, en sociedades pequeñas, de tan solo millares de devotos, para dar paso a unos pocos ‘dioses mayores’ (como Brahman, Jehová y Alá) con numerosos ‘subalternos’ intangibles. A este trío le rinden tributo millones de seguidores en las tres grandes colectividades de creyentes —el hinduismo, el cristianismo y el islam—.

Así lo ‘demuestra’ un extenso estudio —ocho años y docenas de colaboradores— dirigido por Harvey Whitehouse de la Universidad de Oxford. Una de sus más importantes conclusiones es significativa: a lo largo de la historia, las sociedades complejas preceden a los grandes dioses moralizadores. Los creyentes tienden a pensar que sucedió al contrario.

La evolución de las religiones es, por supuesto, diferente a la de los seres vivos y su estudio, mucho más complicado.

En diez de las doce sociedades estudiadas por el doctor Whitehouse, con poblaciones aproximadas de un millón de habitantes, los dioses mayores aparecieron unos cien años después de que sus culturas habían dado un salto mayor en su desarrollo; la religiosidad formalizada parece ser consecuencia de los adelantos, y no la causa por la cual estas progresaron.

Los dioses de las sociedades de apenas centenares de pobladores, en las cuales los miembros se reconocen todos entre sí, no parecen requerir un ‘vigilante’ de alto nivel, y solo ‘esperan’ que sus devotos les expresen fervor. Las sociedades grandes, por su parte, que llegan a ser multiculturales, multirraciales y multidiomáticas, ‘demandan’ dioses más poderosos que contribuyan a la administración social.

Si la investigación del doctor Whitehouse es correcta, dice la revista The Economist, las grandes religiones no fueron, pues, la causa de la tendencia modernizante en las sociedades de los últimos veinticinco siglos, pero sí ‘contribuyentes’ firmes a la unidad social.

Los dioses ‘mayores’, engendradores de las grandes religiones, tienen, entonces, similitudes con las especies orgánicas y, como tales, aparecen casi espontáneamente, crecen y permanecen en su versión original, evolucionan hacia otro credo, cuando es necesario, o desaparecen. Cada dogma tiene mucho espacio para movilidad, ya que ‘existían’ millares de dioses, centenares de religiones formales y un número gigantesco de sectas religiosas.

La evolución de las religiones es, por supuesto, diferente a la de los seres vivos y su estudio, mucho más complicado. Los primeros relatos escritos con referencias religiosas —como los textos de las pirámides de Egipto y la Epopeya de Gilgamesh de la antigua Mesopotamia— son ‘recientes’, con menos de cinco milenios. Los estudiosos de los cambios y las adaptaciones de las creencias no disponen de nada equivalente a los fósiles que utilizan los antropólogos.

Esto no significa la inexistencia de cultos prehistóricos. Una de las más antiguas muestras de lo contrario es una figurilla, mitad humana, mitad león, de hace aproximadamente 40.000 años, encontrada en una cueva de Alemania, en 1939. Nada se sabe, sin embargo, de su significado, sus devotos o sus rituales.

En su momento, cada uno de los múltiples credos —los actuales y los que ya desaparecieron— se autodenominaron como la ‘verdadera’ religión. Es, pues, razonable aseverar que, al igual que las especies vivas, aparecen (por la necesidad humana de encontrar explicaciones), crecen (por el atractivo de sus mensajes), se sostienen (por su exitosa gestión) o desaparecen (por la deserción de sus seguidores, la imposición de conquistadores o la consolidación con otros cultos).

En resumen, en la aparición, crecimiento y sostenimiento de los dioses y de los credos religiosos, y de manera similar a como sucede con las especies vivas, también sobreviven los estables. Los demás, rápida o lentamente, se extinguen.

* Autor de Hacia el Buda desde Occidente

@gustrada1

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