El eterno misterio de los sueños

El eterno misterio de los sueños

Son fenómenos mentales al azar que, mientras no se demuestre lo contrario, carecen de significado.

22 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

¿Existen conexiones entre la vida activa –pasada, actual o futura– y los sueños? Quienes creen en los ‘significados escondidos’ de los sueños se inclinan por el ‘sí’. Este columnista piensa ‘no’: Más allá de la comunalidad de personajes y escenarios, no existe relación alguna entre los sueños y los eventos desconocidos o del futuro.

Soñamos entre una y dos horas cada noche; la imaginación entonces se desboca y terminamos en sitios desconocidos, interactuando con personajes reales o ficticios, allegados o desconocidos, algunos aún vivos, otros ya fallecidos.

¿Tienen algún significado estos sueños? Algunos ‘expertos’ votan por el ‘sí’; sus contradictores catalogamos los sueños como acciones incoherentes de nuestras neuronas ‘desocupadas’ e inquietas, sin nada que hacer cuando sus dueños descansan.

Los sueños han influido en la historia de la humanidad. En los rastros escritos de culturas antiguas, los sueños son mensajes metafísicos con sugerencias para la vida real. Solo cuando Sigmund Freud, neurólogo austríaco y padre del psicoanálisis, publicó La interpretación de los sueños en 1900, su estudio se convirtió en una disciplina seria.

A pesar de que dos de cada tres personas creen en la relación sueños-realidad, los escépticos consideramos que los ‘vaticinios’ acertados, cuando ocurren, son meras coincidencias: Los eventos fantaseados mientras dormimos son tantos que unos pocos terminan pareciéndose a la realidad y quizás materializándose.

No hay claridad científica alrededor del tema, no obstante los numerosos estudios ‘afirmativos’. Los sueños son fenómenos mentales al azar que, mientras no se demuestre lo contrario, carecen de significado.

Soñamos como la doceava parte de nuestra vida (1-2 horas diarias) y aún no hay claridad académica sobre las razones por las cuales los humanos ‘creamos estas extrañas películas’. El mundo académico sigue la denominada ‘Teoría encadenada’, según la cual los sueños sí estarían relacionados con la actualidad, no porque los estudios sean concluyentes y satisfactorios, sino por la ausencia de propuestas más convincentes. Quienes estamos en desacuerdo, pensamos que los sueños son fenómenos al azar sin significado alguno.

La Teoría encadenada propone que el contenido de los sueños es significativo pues, de alguna manera, reflejan los pensamientos, las preocupaciones y las experiencias del soñador. El razonamiento detrás de la Teoría encadenada (y de otras similares) concluye que los sueños son una continuidad de la vigilia y que ‘extraen’ de ella los esquemas psicológicos predominantes.

Las teorías sugieren, en general, que los sueños juegan un papel determinante en la regulación emocional, simulando la realidad de la vigilia y reflejando eventos recientes que guían y, de alguna forma, pronostican el comportamiento futuro.

No todo el mundo académico está de acuerdo. A manera de ejemplo, la hipótesis de activación-síntesis de los psiquiatras John Allan Hobson y Robert McCarley, de Harvard, sostiene que los sueños carecen de sentido y sugiere que son impulsos eléctricos cerebrales que extraen imágenes aleatorias de nuestros recuerdos, para construir curiosas ‘historias’.

Concordamos con esta dirección: Los sueños son acciones incoherentes de nuestras neuronas ‘desocupadas’, que se ‘inventan algo’ mientras sus dueños están descansando, dándole rienda suelta a la imaginación para que se salga de los paradigmas convencionales. Así podemos tener alas y volar, o viajar inexplicablemente a Manchuria.

¿Son útiles o valioso los sueños? Excepcionalmente sí, y existen historias de investigadores, escritores y músicos que construyeron sus logros notables sobre sus respectivos ‘desvaríos’ cuando dormían.

El descubrimiento, en 1865, de la estructura molecular del benceno por August Kekule, químico alemán, es quizás el ejemplo más célebre de una inspiración científica surgida durante una siesta. El químico alemán, según su propio relato, soñó que una culebra se comía su propia cola y ello le inspiró la estructura ‘circular’ de la entonces extraña molécula.

Es real que los sueños eventualmente apoyan a los soñadores y pueden ‘sugerir’ soluciones ingeniosas a sus problemas de turno. Pero los soñadores, importante resaltarlo, tienen que saber muy bien la lógica y la ciencia detrás de sus respectivos proyectos… Muy pocos químicos, de cualquier época, comprenderían ‘el mensaje’ del sueño de la culebra comiéndose su cola… Y, muchísimo menos aún, si les tienen miedo a las serpientes.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Hacia el Buda desde occidente’ y de “Armonía interior’ @gustrada1

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