¿Cómo hubiera sido mi vida si…?

¿Cómo hubiera sido mi vida si…?

Nadie puede deshacer sus errores pasados ni rehacer sus decisiones equivocadas.

11 de enero 2021 , 12:45 a. m.

Con certeza usted ha escuchado a alguien preguntarse –mitad fruto de frustraciones, mitad por hablar cháchara– “¿cómo sería mi vida si pudiera comenzarla de nuevo? ¿Cómo sería mi trayectoria laboral si hubiera aceptado aquel trabajo interesante que implicaba un traslado incómodo? ¿Y si me hubiera ido para Estados Unidos, como varios amigos me lo aconsejaron? ¿O si aquella relación sentimental no se hubiera terminado? O si…”.

¿Tiene algún sentido rumiar el pasado o arrepentirnos de lo que pudo haber sido y no fue, o rememorar con nostalgia decisiones erradas ya lejanas, o pretender recorrer en la cabeza las rutas que nunca tomamos? Si le ponemos humor al tema y repasamos las fallas que tuvimos buscando algún beneficio, quizás sí; la risa dizque es medicinal, sostienen diversos estudios. Pero ¿afligirse por lo que hoy es inmodificable? Como mínimo resulta frustrante, cuando no dañino.

Sería chévere que nunca nos equivocáramos, que todas nuestras decisiones fueran acertadas, que jamás tuviéramos que lamentarnos… No es así, sin embargo. Los superactivos obtienen resultados notables, pero, por supuesto, también meten de vez en cuando sus extremidades… Y, con frecuencia, adquieren enfermedades psicosomáticas.

En el otro lado, los pasivos evitan los riesgos, incurren en menos errores y sus logros son más limitados. ¿Tiene algún sentido divagar sobre lo que ya sucedió, lo que no ocurrió y lo que podríamos haber conseguido? Ninguno.

La historia personal –frustraciones y logros, por igual– es importante, mas no para arrepentimientos o vanidades, sino para sacar provecho de lo bueno que sí hicimos y para no repetir errores que jamás deberíamos haber cometido.

De los eventos del pasado –traslados, inversiones, asociaciones, acercamientos amistosos, oportunidades sentimentales– unos fueron caminos de éxito; otros, trochas de errores… Ambos constituyen registros válidos de nuestra historia.

Los logros visibles –los mejores éxitos– son importantes y es por estos que más sobresalen las personas. Pero las pequeñeces, muchas de ellas íntimas, personales y hasta invisibles a los demás, son también significativas.

En un escrito de doscientas palabras, de hace casi un siglo, todavía muy popular en la red, alguien listó las cosas sencillas que haría si pudiera recomenzar desde cero su existencia. La más probable autora de este texto fue Nadine Stair, una anciana de 85 años, de Louisville, Kentucky, de quien, fuera del escrito mencionado, poco más se conoce. Y hasta existen dudas de si, en verdad, ella existió.

Veamos algunas líneas del poema: “Si pudiera repetir mi vida para vivirla de nuevo… Tendría menos miedo a cometer errores. Me tomaría menos en serio y me arriesgaría más; tendría más problemas reales y menos imaginarios. Andaría más tiempo descalza e iría a más bailes. Comería más helados. Procuraría vivir solo momentos, uno tras otro… y recogería más margaritas”.

Alguien mucho más importante se había adelantado en varias décadas a Nadine Stair, en un párrafo más breve que comenzaba con las mismas palabras. Charles Darwin, uno de los genios más influyentes de la historia, escribió en su autobiografía. “Si pudiera vivir mi vida de nuevo, adoptaría como regla leer algo de poesía y escucharía algo de música, al menos una vez por semana”. Darwin, quien desarrolló la teoría de la evolución de las especies, como cerebro fuera de lo común, de poco tendría que arrepentirse.

Sin embargo, celebridades y desconocidos por igual, todos podemos sacar tiempo para lo menos urgente –leer poemas, escuchar música, admirar la naturaleza, ayudar a alguien, recoger margaritas–. Y permitir que la vida nos fluya sin arrepentimientos. Como el retroceso de los almanaques es quimérico, solo disponemos de una única encarnación, la actual, la que le permite leer esta línea para disfrutar de las gratificaciones sencillas de la vida.

En los años que nos quedan, sean cuatro o cuarenta, todos podemos incurrir en más errores, tomar menos cosas en serio, tener menos problemas imaginarios… Para pararle bolas a los reales, sin ansiedad y sin estrés. Independientemente de la edad, nadie puede deshacer sus errores pasados ni rehacer sus decisiones equivocadas de años atrás: atención, pues, al presente y al futuro inmediato: para todos, viejos y jóvenes, por igual, es la única alternativa sensata de vida.

GUSTAVO ESTRADA
Autor de ‘Armonía interior’ y ‘Hacia el Buda desde Occidente’
En Twitter: @gustrada1

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