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La evolución no se detiene

La evolución no se detiene

La evolución –los ajustes genéticos que cuando hacen clic engendran una especie– no se ha detenido.

12 de abril 2021 , 09:25 p. m.

Nuestro organismo es una especie de extraordinaria fábrica con plantas de procesamiento, cables, tuberías, bombas, motores… con un sofisticado cuarto de control. A diferencia de las instalaciones industriales convencionales, el cuarto de control, nuestro cerebro, carece de supervisor identificado y se parece, más bien, a una orquesta con numerosos músicos –corteza, hipotálamo, cerebelo…– y toda una variedad de sofisticados instrumentos. Sin embargo, como ocurre en los cuartetos de cuerdas, este asombroso conjunto no tiene un director identificado.

La consciencia, el gran misterio que me permite darme cuenta de lo interior y lo exterior, surge de la armonía instrumental. Según Antonio Damasio, neurólogo portugués, existiremos y lo sabremos, mientras los artistas existan y continúen interpretando afinadamente.

Para los creyentes y los espiritualistas, el ser humano es la obra de un Principio Creador; entre este numerosísimo grupo, los judeocristianos sostienen, además, que de este Principio fuimos su obra magna y que Él nos creó a su imagen y semejanza. Para los agnósticos y los materialistas, en el otro extremo, los humanos somos un producto del Universo conocido y de la evolución de la vida.

Ambas visiones, creacionistas y evolucionistas, afirman que nuestra naturaleza es extraordinaria y a ambas corrientes les surge una misma pregunta: ¿Somos el producto final? No estoy seguro de la respuesta de los creacionistas… La de los evolucionistas es negativa.

La evolución –los ajustes genéticos que cuando hacen clic engendran una nueva especie– no se ha detenido; tales modificaciones se vuelven evidentes solo después de generaciones. Aunque genéticamente somos idénticos a los humanos de hace cien mil años, físicamente somos más altos, más fuertes y más ágiles.

Como las adaptaciones han sido diferentes para cada latitud y cada geografía, los humanos existimos ahora en numerosísimas variedades y razas… más diversas y menos iguales en facciones, estaturas y colores de piel, así mantengamos el mismo código genético; la complejidad racial aumentó desde los primeros sapiens… No hay ninguna certeza acerca de cuántos fueron esos pocos humanos iniciales ni en cuántos lugares aparecieron.

Las evoluciones culturales y, específicamente, la adquisición acelerada de conocimientos y habilidades, adicionales a la naturaleza básica, provienen de los milenios recientes; estos ajustes nos volvieron más racionales –más analíticos, más planificadores, menos cortoplacistas, menos reactivos...–. Las evoluciones culturales nos optimizaron tanto la utilización del cerebro como la comunicación verbal; esta última, que comenzó hace apenas unos ochenta mil años, fue el ingrediente fundamental, lento en su comienzo, del después interminable progreso.

¿Evolucionaremos hacia otra especie diferente? No en las próximas decenas de siglos; las evoluciones genéticas en los ‘seres superiores’ son más lentas y ocurren durante docenas de milenios, que abarcan centenas de generaciones.

¿Y las creencias metafísicas? Los primeros relatos escritos con referencias religiosas son recientes, de menos de cinco milenios, aunque existen algunas evidencias de cultos prehistóricos de hace 40.000 años. En cualquier caso, para creyentes e incrédulos, por igual, somos la obra cumbre… de la Creación, para los primeros; de la evolución, para los segundos.

Las creencias en seres metafísicos o mitológicos parecen haber sido beneficiosas para nuestros antepasados remotos y, en menor proporción, todavía resultan útiles para muchos contemporáneos. No obstante, la fe continuará progresivamente cediendo paso a los comportamientos científicos y racionales.

Confiemos que nuestras capacidades de autocrítica y autocorrección han de proveernos directrices inteligentes hacia el futuro próximo… No nos referimos al pasado mañana de la gran masa que habita –habitamos– la Tierra… sino a los millones siglos y milenios que, confiamos, le restan al planeta.

Aunque su población probablemente ha de estabilizarse alrededor del 2050, la capacidad de producir y contaminar continuará en aumento. Desde hoy hasta el final del siglo XXI transcurrirán apenas tres generaciones, insuficientes para la adaptación satisfactoria de los seres vivos a los cambios climáticos y a la contaminación que estamos causando.

Mientras existan seres vivos, la evolución no va a detenerse… Quizás aparezcan super-homos hacia los cuales los sapiens evolucionarán para adaptarse a las amenazas de la del calentamiento globales… y para cuyo control nuestra capacidad actual, juzgando por lo que estamos presenciando, es… incierta.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Armonía interior’ y ‘Hacia el Buda desde occidente’ @gustrada1

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