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¿Venderán el reino?

¿Venderán el reino?

El acuerdo gira en torno a las necesidades de Petro de votos y de construir mayorías legislativas.

07 de diciembre 2021 , 08:00 p. m.

La democracia es el reino del político profesional. Las elecciones libres y periódicas les garantizan una influencia muy poderosa. Pueden acceder a decisiones, burocracia, recursos y apoyos políticos a cambio de asegurar la gobernabilidad del Ejecutivo. En regímenes autoritarios también hay espacio para los políticos. No obstante, su influencia es mucho menor. Dado que los resultados electorales son muy vulnerables a la coerción y la trampa, las posibilidades de acceder al poder por los políticos están sujetas a su subordinación al autócrata.

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En consecuencia, uno esperaría que el grueso de la clase política sea reacia a la llegada al poder de potenciales autócratas. Aunque también uno puede esperar que un sector de la clase política se comprometa con el aspirante a autócrata si encuentra posibilidades de incrementar su poder e influencia sobre el resto de la clase política.

Esto sucede en la actual campaña. Petro ha construido una impresionante base de seguidores sobre dos premisas. La primera es que el país necesita cambios estructurales en su organización política, económica y ambiental. La segunda, que estos cambios se van a hacer en contra de unas élites que no solo se han enriquecido acumulando poder, sino que han perpetuado una violencia mafiosa. Es un discurso que, además, tiene mucho de populismo, toda vez que las respuestas sobre quedarse en el poder más de 4 años y una constituyente han sido ambiguas.

La gran ironía es que ahora Petro esté buscando alianzas con la misma clase política que ha denunciado como ilegítima por mafiosa y corrupta. Es consciente de que para ganar las elecciones no le basta con su masa de simpatizantes. Necesita votos de otro lado para superar el techo impuesto por las propias posiciones radicales de su discurso.

Fue así cómo Petro comenzó a tender puentes con figuras políticas que en principio parecían incompatibles con el discurso que profesaba. Primero fueron Roy y Benedetti, figuras típicas de la politiquería. Luego, el pastor Saade, un líder homófobo que ha hecho del culto cristiano una fábrica de votos. El último acuerdo fue con Luis Pérez, quien junto con los cuestionamientos por el manejo de los recursos públicos tiene la sombra de haber sido alcalde de Medellín durante la operación Orión.

La gran ironía es que ahora Petro esté buscando alianzas con la misma clase política que ha denunciado como ilegítima por mafiosa y corrupta.

Al margen del desconcierto en el Pacto Histórico, que Petro parece solventar sin mayor problema, las preguntas que surgen de los acuerdos con la clase política son sus contenidos, su evolución a lo largo de la campaña y qué pasaría si Petro gana. En la entrevista de Semana con Petro y Luis Pérez se manifestaron las tensiones de los acuerdos. Para Petro, lo importante son los votos y obtener mayorías en el Congreso. Insistió en que solo podría hacer las reformas estructurales que propone si tiene mayorías en el Congreso. Pérez, por su parte, dijo que no viene por una redención de su pasado, como Petro ha justificado la alianza ante sus seguidores. Viene por un proyecto progresista desde el liberalismo.

En suma, lo que se presume es que el acuerdo gira en torno a las necesidades de Petro de votos y de construir mayorías legislativas, mientras que los políticos profesionales están más interesados en explotar el acceso a los recursos de gobierno si Petro gana. El supuesto de la clase política es que Petro va a respetar su poder en medio de las transformaciones estructurales que va a hacer. Un poder que depende esencialmente que existan elecciones libres y periódicas, de otro modo se volverían dependientes del poder de Petro.

En otras palabras, un sector de la clase política eventualmente estaría dispuesto a vender el reino de la democracia a cambio de ventajas sobre sus competidores, sin reparar en que en el largo plazo puedan quedar en el aire si las elecciones quedan en manos de un autócrata.

GUSTAVO DUNCAN

(Lea todas las columnas de Gustavo Duncan en EL TIEMPO, aquí)

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