Ruido

Ruido

El resultado puede ser nefasto para la política colombiana.

21 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Muchos en la izquierda celebran que la Corte Suprema haya llamado a indagatoria a Uribe. No reparan que este llamado, a fin de cuentas, sea poco lo que pueda ayudar en términos de justicia frente a los comportamientos de la élite política y, sobre todo, que va a ser mucho el ruido que pueda traer para cerrar el proceso de paz con las Farc y atenuar el lado más peligroso de la polarización política del país.

Para sus contradictores y un sector de la opinión, Uribe simboliza todas las conductas reprochables de la élite colombiana: vínculos con paramilitares y narcotraficantes, manipulación del poder, compra de la clase política, etc. Pero, aun suponiendo que sea cierto todo de lo que se lo acusa, hay un gran error en reducir el problema a Uribe.
Estos comportamientos fueron en realidad frecuentes en todo el espectro político, –izquierda, centro y derecha–, y entre la mayoría de las coaliciones de gobierno a nivel nacional y local. Basta recordar la tolerancia con los ‘Pepes’, el proceso 8.000, el ‘carrusel’ de la contratación de Moreno y el Odebrecht de Santos.

No es de esperar violencia, como muchos incendiarios anuncian en las redes sociales, sino un ambiente lleno de intolerancia y pugnacidad

Concentrar todas las culpas en la figura de Uribe, como pretenden la izquierda, un sector de la justicia y varios dirigentes que en su momento utilizaron su popularidad para hacerse elegir, equivale a utilizar los medios jurídicos para quitarse un contrincante político de encima. El resultado puede ser nefasto para la política colombiana, porque la polarización pasaría el umbral de los disensos saludables entre las fuerzas en contienda. Pasaría a ser una lucha por negar la legitimidad del opositor político de participar en el juego democrático.

No es de esperar violencia, como muchos incendiarios anuncian en las redes sociales, sino un ambiente lleno de intolerancia y pugnacidad en que sectores radicales considerarán legítimo aprovechar una coyuntura de mayorías electorales para imponer cambios en las instituciones. Desde una constituyente hasta un referendo para reversar los acuerdos de La Habana pueden esperarse.

Si algo ha bajado el ruido contra el proceso de paz, ha sido la desaparición de ‘Santrich’ del escenario. Ahora, la Corte, la misma que liberó a ‘Santrich’, pretende enjuiciar a Uribe, que representa el sector político más importante del país, por un caso contra Iván Cepeda, quien, desafiante, recibió a ‘Santrich’ cuando salió de prisión.

La reconciliación política de Colombia no resiste ese nivel de ruido.

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