Resistencia

Resistencia

La falta de un discurso la suplen con una situación de facto: ser gobierno al margen del Estado.

31 de octubre 2018 , 11:37 p.m.

El crecimiento de la clase media ha estado acompañado por un incremento de la lucha por los derechos políticos. De hecho, gran parte de esa clase media ha surgido de la expansión de la formación universitaria y de la oferta de empleos públicos que, por su propia naturaleza, ofrecen no solo una oportunidad de ingresos relativamente altos, sino de concientización de una serie de derechos y desarrollo de habilidades de negociación que permiten consolidar su situación en el largo plazo.

Lo paradójico es que sectores universitarios y empleados públicos han sido bastante tolerantes con expresiones de resistencia contra el statu quo. No obstante sus grandes avances en términos de movilidad, existe un profundo resentimiento contra los privilegios de las élites sociales y económicas. Tanto así que muchos de ellos han interpretado la insurgencia marxista como una consecuencia natural de la desigualdad económica y de la falta de oportunidades de sectores excluidos.

Sin embargo, estos mismos sectores han sido reacios a reconocer el papel jugado por otras formas de resistencias que, aunque hacen uso de prácticas criminales, como las guerrillas, no disponen de ninguna plataforma ideológica ni discurso para justificar sus actuaciones. Para ellos se trata de delincuentes puros.

La falta de un discurso es el resultado de la carencia de preparación y estudios de los sectores excluidos que utilizan el crimen como medio de resistencia. Pero no se trata de que no tengan aspiraciones políticas ni de que sea un fenómeno limitado. En solo América Latina, según datos presentados en una conferencia en la Universidad de Chicago sobre la materia, 27 millones de personas viven bajo alguna forma de gobierno criminal. Es decir, bajo organizaciones criminales como maras, combos o carteles que les proveen justicia y protección de manera parcial y, a veces, total.

La falta de un discurso la suplen entonces con una situación de facto: la de ser gobierno al margen del Estado. Es así como cientos de miles de jóvenes de comunidades excluidas han encontrado mecanismos más efectivos que las típicas insurgencias marxistas de acceder al poder y a rentas económicas.

No es el propósito aquí idealizar, mucho menos legitimar, estas organizaciones. Sin embargo, sí resaltar que en un futuro inmediato serán la forma más común de resistencia política armada con que tropezarán los Estados en la región.

GUSTAVO DUNCAN

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