Prefabricado

Prefabricado

Hay que exigirles a muchas feministas que si van a hablar por otras mujeres, se unten de su realidad

08 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Las identidades alrededor de una causa cumplen funciones más allá de la movilización. Sirven como espacio común para socializar y para, quienes logran convertirse en líderes del movimiento, obtener enormes recompensas personales: desde poder e ingresos hasta la recompensa emocional de sentirse influyente.

Es normal, a medida que las movilizaciones tienen éxito, que ocurra un proceso de distanciamiento entre quienes lideran la causa y los sujetos que reclaman representar. La sociología ya se ha referido a esta paradoja, en particular desde la perspectiva de los partidos obreros, cuyos líderes se convierten en nuevas élites.

Pero no hay punto de comparación con la distancia que existe entre las feministas radicales y las trabajadoras sexuales. Al menos es la sensación que le queda a uno luego de una serie de entrevistas a modelos webcamers en que es difícil no encontrar mayor disparidad entre la situación de las modelos y el discurso de las feministas.

Pareciera que el activismo, los prejuicios ideológicos y las diferencias de contextos no les dejaron tiempo para familiarizarse con la vida de las webcamers. Sin embargo, eso no es obstáculo para que en su nombre llamen a la prohibición de su trabajo por atribuirle una situación de explotación.

Lo cierto es que las entrevistas mostraron a modelos que gozaban de plenas libertades. Más aún, quienes terminaban asumiéndolo como un trabajo estable lo hacían porque encontraban algún grado de placer. Quienes no tenían vocación, por lo general terminaban renunciando. Les iba mal a la hora de conseguir clientes.

Obvio, el gran aliciente para el trabajo es el dinero. Pero en el mismo sentido que el resto de los trabajadores. Muchas de las obligaciones que tenemos en el trabajo pueden ser aburridas, y si las hacemos es solo porque nos pagan. Una de las entrevistadas contó que antes de ser webcamer trabajaba en un call center. Renunció por la tensión y los horarios tan pesados.

No se trata aquí de hacer una apología del trabajo de webcamer, ni de idealizarlo, la realidad siempre es más compleja y cruda. Pero al menos sí exigirles a muchas feministas que si van a hablar por otras mujeres, y se empoderen haciéndolo, siquiera se unten un poco de su realidad. Crear víctimas ideales, acordes con un discurso prefabricado, a lo que lleva es a que las situaciones reales de victimización, que existen, se invisibilicen.

Gustavo Duncan

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