Peligro

Peligro

La sensación que queda es que un sector puede utilizar políticamente la justicia.

16 de octubre 2019 , 07:00 p.m.

El llamado a indagatoria al expresidente Uribe es una señal preocupante de hasta dónde están dispuestas a llegar ciertas fuerzas políticas y judiciales, sin considerar las consecuencias que la polarización pueda traer a la democracia.

Toca repetir lo dicho en una columna anterior: la polarización no es mala por sí, lo malo es cuando se llega al extremo de negar los derechos políticos a los contradictores a partir del control de los cargos públicos. Un buen ejemplo de cómo la polarización se lleva por delante a los competidores políticos desde las instituciones del Estado fue la destitución de Petro por Ordóñez. Allí era evidente cómo alguien desde el poder de su cargo direccionaba la justicia para sacar del camino a uno de los políticos más importantes del país.

Hoy es evidente que un sector de la Rama Judicial y de la izquierda quiere sacar de la arena política a Uribe. Lo quieren hacer, además, estirando las leyes y el poder de sus cargos en la justicia. El caso por manipulación de testigos es demasiado débil para llamarlo a una indagatoria, sobre todo si se consideran las implicaciones políticas que tiene. Al mismo tiempo, hay evidencias de que su contradictor político Iván Cepeda ha realizado ayudas a un testigo a través de una ONG en montos y situaciones similares.

Hoy es evidente que un sector de la Rama Judicial y de la izquierda quiere sacar de la arena política a Uribe

La sensación que queda es que un sector puede utilizar políticamente la justicia y que, para neutralizar ese riesgo, sus opositores deben debilitar el poder de sus cargos e instituciones. El resultado de esa confrontación es peligroso para la democracia porque lleva a un punto de no retorno en que el uribismo radical tiene cómo justificar la anunciada reforma de las cortes por pura cuestión de supervivencia. Ambas posturas, la uribista y la antiuribista, son un torpedo en la línea de flotación de la independencia de poderes.

Gran parte del problema proviene de la tendencia de ciertos operadores judiciales a pasar por encima de las normas por sus convicciones morales. Hace poco, la Corte Suprema trinó: “Juez moderno es un ser humano sensible y atento a los cambios y fenómenos sociales... con poder inclusive para inaplicar una norma legal por virtud del control difuso de constitucionalidad, y además, remover barreras que impidan cometer injusticias”.

Así es muy difícil que las otras ramas del poder y la clase política no busquen blindarse antes de que el gobierno de los jueces se los trague.

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