No repetir

No repetir

Los litros de sangre no eran un indicador efectivo para medir los resultados operacionales.

29 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Más allá de si de nuevo ocurren ‘falsos positivos’, como denunció The New York Times, lo cierto es que hay suficiente evidencia para lanzar una alerta al Gobierno. Es una alerta de máxima urgencia porque se puede repetir la experiencia de hace diez años, cuando, con el propósito de exigir resultados a las Fuerzas Militares, se comenzó a evaluar el desempeño de las distintas unidades con base en las bajas causadas al enemigo.

La experiencia demostró no solo que los litros de sangre no eran un indicador efectivo para medir los resultados operacionales, sino que podían inducir incentivos perversos. Algunas unidades militares comenzaron a fabricar bajas de guerrilleros y paramilitares inexistentes o de manera innecesaria; es decir, asesinaron a individuos que pertenecían a ejércitos irregulares en situaciones en las que era posible su arresto, para recibir reconocimiento y bonificaciones.

Lo que de verdad funcionaba para medir el desempeño de las unidades militares era su capacidad de retomar el control de las poblaciones y espacios geográficos que estaban bajo la autoridad o la amenaza de ejércitos irregulares. De hecho, un buen indicador para evaluar resultados era la tasa de homicidios porque obligaba a la Fuerza Pública a evitar violencia que llevara a la muerte de civiles. Se imponía el control del Estado por la fuerza, a la vez que se garantizaba la protección a los habitantes del lugar.

Un indicador obvio es, por supuesto, la capacidad de evitar el asesinato de líderes sociales.

Ahora que ya no existe un ejército guerrillero tan capaz en el terreno militar como eran las Farc, mucho menos sentido tiene implantar una política de evaluación de desempeño basada en los litros de sangre. Nadie discute que las Fuerzas Armadas deban ser contundentes para neutralizar por medios violentos al Eln, las disidencias de las Farc y las ‘bacrim’, pero el centro de gravedad del nuevo conflicto no es matar por matar, sino terminar de retomar los espacios de control social y de rentas criminales de estos grupos.

De fondo, se evidencia el gran desconocimiento en la materia del ministro Botero. Una estrategia basada, en cambio, en el fortalecimiento de la inteligencia y la evaluación del control territorial por distintos indicadores que reflejen la capacidad de regulación social del Estado en relación con la de los ejércitos irregulares es la clave para alcanzar la paz en el posconflicto.

Un indicador obvio es, por supuesto, la capacidad de evitar el asesinato de líderes sociales.

Sal de la rutina

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