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Nazis en Tuluá

Nazis en Tuluá

Solo enormes carencias en la formación de sus miembros pueden explicar el error cometido.

23 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

No es para menos el escándalo por el evento pedagógico de la Escuela de la Policía en Tuluá. Agentes disfrazados de nazis con Hitler, esvásticas y un caza Messerschmitt a bordo no tienen excusa posible. Ahora bien, las interpretaciones que se derivan del episodio no deben llevar a confusiones que en vez de contribuir a resolver un grave problema de las fuerzas policiales en Colombia desvíen el debate al plano de su ideologización en torno a un proyecto autoritario.

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Es cierto que la historia colombiana tiene antecedentes graves de politización de la Policía. Durante la violencia de mediados del siglo pasado, numerosos cuerpos policiales tomaron partido por alguno de los dos partidos tradicionales. La mayoría de las veces, del lado conservador, aunque no faltan historias de policías liberales, sobre todo antes de 1946, cuando los conservadores regresaron al poder. Más cercano en la historia, en la violencia que comienza a finales de siglo, es clara la indisposición de la Policía contra sectores de izquierda. Sin embargo, esto ocurrió en el contexto de una confrontación armada propia de la Guerra Fría, en que varios partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil fueron en su momento colaboradores de las insurgencias y, en algunos casos, actores orgánicos.

La caída del muro de Berlín llevó a que muchos de estos partidos y organizaciones de izquierda pusieran distancia con proyectos armados. De todos modos, la degradación de la guerra siguió su curso y continuaron siendo vistos como enemigos solapados hasta cuando la ventaja militar del Estado, obtenida a mediados del 2000, y el acuerdo de La Habana supusieron un nuevo contexto para revaluar la concepción ideológica de las fuerzas de seguridad. Lo que involucraba, por supuesto, desinstalar la carga ideológica contra quienes se concebían como colaboradores del enemigo.

En todo caso, las posturas ideológicas de las fuerzas policiales en ningún momento involucraron el desarrollo de una doctrina fascista, mucho menos nazi. El conflicto reciente en Colombia fue un pulso entre democracia y comunismo, de eso se trató la Guerra Fría. El fascismo fue derrotado como gran proyecto ideológico en 1945. Y, pese a que surgieron dictaduras en América Latina, durante los 60, 70 y 80, en Colombia, aun en medio del conflicto, nunca se estuvo cerca de un golpe de Estado desde la institución policial.

Deducir que quienes hicieron el acto pedagógico en Tuluá tengan en mente la construcción de un proyecto nazi desde la Policía hay mucho trecho.

El caso de Tuluá obedece más a la banalización del nazismo, como explicó Olga González en una muy buena columna para La Silla Vacía. En el peor de los casos, puede ser que algún oficial tenga su admiración con la estética nazi y la idea de una sociedad hiperdisciplinada, pero deducir que quienes hicieron el acto pedagógico en Tuluá tengan en mente la construcción de un proyecto nazi desde la Policía hay mucho trecho. De hecho, la inmediata expulsión del oficial a cargo de la escuela y el repudio de los altos mandos muestran que el problema no es que la policía sea nazi.

Pero, más allá de las teorías conspirativas, el episodio es sintomático de algo muy grave en la institución policial. Solo enormes carencias en la formación de sus miembros pueden explicar el error cometido. ¿Cómo es posible que los oficiales a cargo de una escuela de formación policial no tengan el suficiente criterio para prever que una alusión al nazismo va a causar una enorme indignación social?

No es solo lo ocurrido en Tuluá. Acaso los excesos cometidos en varios episodios no obedezcan a que las escuelas de formación fallan al tratar de transmitir una doctrina muy clara sobre el compromiso que tiene la función policial con los derechos y libertades propias de las sociedades democráticas, a la vez de crear e implementar protocolos de actuación que bajo cualquier circunstancia respeten estos derechos y libertades.

GUSTAVO DUNCAN

(Lea todas las columnas de Gustavo Duncan en EL TIEMPO, aquí)

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