Secciones
Síguenos en:
La guerra del posconflicto

La guerra del posconflicto

En muchas regiones abundan distintos tipos de ejércitos ligados a la extracción de rentas criminales

31 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

Coincido con quienes sostienen que con la salida de las Farc el conflicto terminó, al dejar de existir el último ejército insurgente con capacidad real de desafiar militarmente al Estado. Algunos podrán decir que queda el Eln, pero ahora a esta guerrilla no le interesa hacer una revolución, se conforma con mantener su vigencia territorial.

Agregaría otro elemento que señala el final del conflicto: el desplome de las grandes narrativas. La legitimidad de la lucha armada como medio para derrocar un sistema opresivo y desigual es cosa del pasado. Al igual que organizar ejércitos como derecho a la legítima defensa. El país puede estar polarizado; el debate político, hecho trizas por sectores que no aceptan la legitimidad de sus contrapartes, pero solo unos pocos extremistas creen que la guerra es una alternativa.

La mala noticia es que en muchas regiones abundan diferentes tipos de ejércitos ligados a la extracción de rentas criminales, en particular rentas de los cultivos de coca y de fabricación de cocaína. Peor aún, parecieran estar creciendo en tropas y en control territorial. Algunos subestiman la situación al argumentar que se trata solo de violencias asociadas a disputas por el control del narcotráfico, no de una guerra. Con eso se quiere explicar el incremento en los últimos años de homicidios y masacres.

No es así de fácil. Lo que sostuvo el conflicto desde inicios de los 80 no fue solo que el narcotráfico les inyectó recursos a las organizaciones armadas que apelaban a las grandes narrativas de la guerra. Hubo transformaciones políticas muy profundas que corrieron debajo de las grandes justificaciones ideológicas de guerrillas y paramilitares para hacer la guerra.

Es un lugar común hablar de que en Colombia hay más territorio que Estado. A veces agregan la variable nación a esta argumentación: hay más nación que Estado. Sin embargo, muy pocas veces consideran otra variable: los mercados. Con el boom de las exportaciones de droga, el dinero finalmente pudo llegar a muchos espacios periféricos y sectores marginales de la sociedad. Así el grueso del dinero del narcotráfico se quedara en las grandes ciudades, ocurrió un impresionante proceso de inclusión económica, de gente que vivía de la subsistencia a gente que finalmente pudo participar en los mercados nacionales y globales. Gente que vivía más allá del gobierno de las instituciones del Estado.

Se suele decir que hay más territorio que Estado, pero se omite decir que por el narcotráfico
hay más mercado que Estado.

Fue así como guerrillas y paramilitares tuvieron un sentido político adicional al de hacer la guerra: gobernar territorios periféricos y marginales que organizaban su economía alrededor de los excedentes de la droga. Tenían una enorme ventaja sobre el Estado. Al estar criminalizado el narcotráfico, el Estado no disponía de instituciones para gobernar a esta población. Su llegada significaba la erosión de la inclusión económica.

La solución en muchos casos fue que, luego de imponer su autoridad militar, el Estado toleraba hasta cierto punto que las instituciones de paramilitares y narcotraficantes regularan aquellas sociedades donde la droga jugaba un papel central en el abastecimiento de los mercados locales. En otros casos, la solución fue puramente represiva, se erradicaban los cultivos de coca y la gente volvía a su estado anterior de exclusión. El costo en legitimidad fue altísimo.

Al día de hoy, el gobierno de muchas regiones periféricas por disidencias, Eln y ‘bacrim’ es la prueba de que la transformación política que ocurría debajo de las grandes narrativas sigue vigente. Es la guerra del posconflicto. La guerra que se definirá cuando el Estado progresivamente alcance la dimensión territorial de los mercados que el narcotráfico llevó a la periferia y sean sus instituciones, no la de las organizaciones armadas, las que efectivamente gobiernen a esta población.

GUSTAVO DUNCAN

(Lea todas las columnas de Gustavo Duncan en EL TIEMPO, aquí)

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.