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La codicia del ahogado

La codicia del ahogado

El Estado sigue moviéndose en torno a intereses económicos, que ahora son los de la clase política.

12 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

Lo que Venezuela tiene para enseñarnos no se reduce a los efectos desastrosos que el populismo tiene en las condiciones de vida de la población. También tiene mucho que enseñarnos sobre cómo la desconexión de la clase política con la sociedad civil puede llevar al abuso con los recursos del Estado y a su deslegitimación.

(Lea además: Injusticias y dilemas)

La intervención de Monómeros por la Superintendencia de Sociedades es la prueba contundente de un rumor que desde hace mucho rato rebullía entre la diáspora venezolana: que la corrupción de la clase política que lidera la oposición es un duro obstáculo para adelantar algún tipo de acción efectiva que permita el retorno a la democracia en Venezuela, o al menos algún tipo de acuerdo efectivo para atenuar la situación social y propiciar una apertura política. Si la oposición actúa como los dirigentes del chavismo, se va a ahogar en su propia codicia y, de paso, va a ahogar las posibilidades de cambio de régimen en Venezuela.

El caso de Monómeros va revelando que el G4, la coalición de partidos de oposición que lidera el apoyo internacional para destituir a Maduro, está untada de corrupción. De acuerdo con Humberto Calderón Berti, exembajador de Guaidó en Colombia, la oposición se repartió el manejo de Monómeros cuando la comunidad internacional le entregó al gobierno interino el manejo de industrias venezolanas en el exterior. En una reunión de la junta directiva, contó Calderón, los políticos de la oposición despreciaron abiertamente la opinión de las directivas de la empresa. La tomaron como su pequeña PDVSA, la multibillonaria empresa de petróleos venezolana que el chavismo arruinó para abastecer las demandas de las clientelas que los sostenían en el poder.

Ahora que los directivos y administradores de Monómeros cuentan en público cómo la indolencia y la corrupción de la clase política de la oposición condujeron a la quiebra de una de las grandes, los políticos del G4, con Leopoldo López a la cabeza, los acusan de legitimar la dictadura de Maduro. Es como si el hecho de encarnar una causa política justa les diera patente de corso para expoliar una empresa pública y llevarla a la ruina. Equivale a la justificación del chavismo de la ruina de Venezuela en el busqueda del nuevo homus socialista del siglo XXI.

El Estado sigue moviéndose en torno a intereses económicos, solo que estos intereses son aquellos de una clase política que se financia y se enriquece con el manejo de los recursos del Estado.

De hecho, la situación tenía que ser muy desesperada para que Duque, el gran aliado de la oposición venezolana contra el chavismo, se decidiera por intervenir Monómeros. Es un asunto muy serio, Monómeros abastece el 50 % del mercado nacional de fertilizantes (La República, 8/9/2021).

¿Por qué tiene mucho que enseñarnos el caso de Monómeros? Desde hace mucho tiempo se argumenta que uno de los problemas de la democracia colombiana es que el Estado ha operado en función de los grandes intereses económicos, que no representa los intereses de la gran masa de la población. Hay mucho de cierto en esta afirmación, sobre todo si se considera la incidencia que tuvieron los grandes grupos económicos entre el Frente Nacional y la apertura económica de finales de los 80.

No obstante, la realidad ahora es muy distinta. Gracias al aumento del gasto del Estado como porcentaje del PIB, la clase política ha adquirido una enorme independencia del empresariado. El Estado sigue moviéndose en torno a intereses económicos, solo que estos intereses son aquellos de una clase política que se financia y se enriquece con el manejo de los recursos del Estado, en particular de las contrataciones. Eso ha llevado a que, como en las reuniones de la junta directiva de Monómeros, los políticos menosprecien a empresarios y administradores profesionales que les toca competir en mercados libres.

Ojalá que su codicia no nos lleve al ahogo. Ya hay rumores de mayor entendimiento entre la clase política con proyectos populistas.

GUSTAVO DUNCAN

(Lea todas las columnas de Gustavo Duncan en EL TIEMPO, aquí)

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