Secciones
Síguenos en:
Injusticias y dilemas

Injusticias y dilemas

En vez de legalizar la cocaína, mejor pensar en legalizar los cultivos en determinadas zonas.

28 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Desde mediados de los noventa, Colombia centró el grueso de su política contra las drogas en la destrucción de los cultivos ilícitos. En la decisión tuvo mucho que ver EE. UU., que adoptó la tesis de que la destrucción de los cultivos de coca disminuiría la oferta de cocaína disponible en las calles. El Estado colombiano se adaptó rápidamente a esta línea estratégica. Los sucesivos gobiernos vieron en la colaboración de EE. UU. contra los cultivos de coca una oportunidad de potenciar la guerra contrainsurgente. El Plan Colombia, por ejemplo, pasó de ser una iniciativa puramente antinarcóticos a una iniciativa de debilitamiento de las Farc.(Lea además: ¿Qué recibían a cambio?)

Desde entonces, muchos analistas, tecnócratas e incluso varios líderes políticos critican la erradicación de cultivos porque se ataca al eslabón más débil de la cadena. Pero poco se profundiza en la naturaleza de las injusticias sociales que se cometen al focalizar la guerra contra las drogas en los cultivos. No es solo que los cultivadores y raspachines de coca sean el eslabón más débil, es que están en juego dos factores de exclusión muy importantes en la construcción del tejido social en Colombia.

En primer lugar, la erradicación forzada supone la exclusión de los mercados globales a las zonas cocaleras. Es cierto que podrían producirse productos legales, pero serían escasos los excedentes para consumir bienes y servicios provenientes del entorno exterior de las áreas de cultivo. Las comparaciones van más allá de las diferencias en ingresos. Tienen que ver con la posibilidad de participar en experiencias de consumo parecidas a las de sociedades donde ya existe suficiente acumulación de capital para acceder a los mercados globales. La diferencia está en disponer de mercancías como celulares, internet, ropa sintética, modas, música, etc., que constituyen canales de participación a una vida social por fuera de lo estrictamente local.

La guerra contra las drogas se enfocaría en otras fases del negocio, en eslabones más fuertes como tráfico y lavado.

En segundo lugar, la criminalización de los cultivos supone que las instituciones del Estado no son funcionales para gobernar estas sociedades. Un Estado no puede hacer cumplir la ley y organizar la vida económica si la principal fuentes de ingresos de la sociedad es reprimida por el propio Estado. Se niega la inclusión a los mercados, al tiempo que la inclusión en las instituciones del Estado, a través del ingreso de la Fuerza Pública y la justicia, difícilmente puede reclamar legitimidad. Eventualmente se puede tener superioridad militar en territorios cocaleros sin que necesariamente se tenga superioridad institucional. El grueso de la población se arruina o migra hacia zonas donde grupos armados irregulares ofrecen normas coherentes con su modo de organización económica.

La situación plantea un gran dilema. Si la coca es ilegal y el Estado la reprime, la población de muchas zonas periféricas queda excluida de los mercados. Si no la reprime, la población permanece incluida en los mercados pero excluida institucionalmente. El dilema se ha intentado resolver reemplazando los excedentes cocaleros con los programas de sustitución de cultivos, aunque con logros muy limitados. También se propone la legalización de la cocaína.

Otra opción es, en vez de pretender la legalización de la cocaína, pensar en una solución más viable en el corto plazo: la legalización de los cultivos de coca en determinadas zonas del país. La guerra contra las drogas se enfocaría en otras fases del negocio, en eslabones más fuertes como tráfico y lavado. Sin embargo, esto no quiere decir que el Estado deba olvidarse de los territorios cocaleros. Al contrario, tiene que reforzar las iniciativas para incluir dentro de sus instituciones a la población cocalera, solo que estas instituciones serían viables como gobierno en sociedades donde la inclusión en los mercados depende de la coca.

GUSTAVO DUNCAN

(Lea todas las columnas de Gustavo Duncan en EL TIEMPO, aquí)

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.