Evitar desastres

Evitar desastres

El buen estadista obliga a las fuerzas políticas a manejar los asuntos públicos con responsabilidad.

07 de agosto 2019 , 10:13 p.m.

Dos entrevistas de días pasados, sin proponérselo, reflejan cómo el ejercicio de gobierno en Colombia se trata más de evitar desastres que de hacer gestiones o transformaciones admirables.

La primera es una entrevista hecha por María Isabel Rueda a Claudia López, en EL TIEMPO. En la entrevista, López explica las razones por las que no pudo fraguar la alianza con Petro. Al final de cuentas, todo el asunto giraba en torno al metro. El argumento de López es que, así para Bogotá hubiera sido mejor un metro subterráneo, el contrato del metro elevado está tan avanzado y financiado que reversarlo sería privar a la ciudad del único proyecto factible. En sus propias palabras: “Yo, por Gustavo tengo un gran respeto, pero no estoy dispuesta a seguirlo en sus locuras. Punto”.

El mensaje entre líneas de Claudia López es que por más que necesite el respaldo de Petro para asegurar un triunfo en las elecciones a la alcaldía, ella no puede comprometerse con la agenda de un populista delirante. Por encima está el sentido de racionalidad en el manejo de asuntos tan serios para la ciudad.

La otra entrevista fue en La W Radio a Cecilia López y Ricardo Ortega por Vicky Dávila. Al calificar la gestión económica del actual gobierno, Ortega dijo: “Yo creo que no se podría hacer mucho mejor”. Y a renglón seguido se refirió a que el gran problema del país es político, en el sentido de que el Gobierno tiene poco margen de maniobra para sacar su agenda económica en el Congreso a menos que ceda ante el chantaje y la voracidad de la clase política, lo que incluye a los congresistas del propio partido de Duque.

Además de bajar de las nubes los delirios populistas de los radicales del uribismo, el Presidente tiene que poner freno a la irresponsabilidad de un sinnúmero de políticos corruptos, sus contratistas y sus clientelas, a quienes no les importa destrozar las finanzas del Estado y hacer inviables las obras necesarias para el crecimiento económico con tal de apropiarse de un pedazo de las rentas públicas.

Así las cosas, la Colombia de hoy es un país tan difícil de gobernar que el buen estadista es aquel que obliga a las distintas fuerzas políticas a aceptar un mínimo de responsabilidad en el manejo de los asuntos públicos. Es como el técnico de un equipo de fútbol al que no se le pide que gane partidos para ser campeón, sino que evite ser goleado para no bajar de categoría.

GUSTAVO DUNCAN

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