Escepticismo necesario

Escepticismo necesario

Siempre hay preferencias ideológicas, pero la intención es ser crítico ante cualquier situación.

06 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

Las guerras entre los jefes de la mafia obligan al resto de facciones a tomar partido. No hay lugar a la neutralidad. Suele ocurrir, incluso, que ambos bandos opten por eliminar a quienes se declaren neutrales. Es imposible confiar en que efectivamente se mantendrán al margen durante la guerra, por lo que para asegurarse es mejor eliminarlos.

Pero lo normal en la mafia no debería ser normal en las instituciones de la democracia. Muchos esperan que los formadores de opinión tomen partido por un bando en el debate, sin importar las circunstancias ni los temas en cuestión. Existen columnistas que actúan de ese modo. Respaldan un gobierno, un partido, a un caudillo o a la izquierda o la derecha, al margen de cualquier razonamiento o de la contundencia de los hechos en contra.

La postura de los formadores de opinión como cuasi propagandistas es legítima. Pero también es legítima, y creería que valiosa en los tiempos de aguda polarización que corren en el país, la postura de formadores de opinión que ofrecen un análisis de la situación sin dejarse llevar por pasiones ideológicas ni afectos políticos. No es que no tengan una posición sobre los distintos temas de interés, es que en la elaboración de una posición se intenta no pasar por compromisos o prejuicios previamente establecidos y, a la vez, ser críticos sin importar de quién o de qué sector ideológico se trate.

Por supuesto, la neutralidad absoluta es imposible. En el fondo de las emociones de un columnista, por más distante que pretenda ser, siempre hay afinidades y preferencias ideológicas. En lo personal, por solo citar una faceta, mis convicciones sobre la defensa de la democracia liberal marcan la postura moral sobre cualquier tema. Pero de allí en adelante, la intención es ser crítico ante cualquier situación.

Una postura así permite cuestionar, al mismo tiempo, la bolsa de dinero de Petro y sus tendencias autoritarias, la presunta corrupción del Fiscal y la necesidad imperiosa de su renuncia, el riesgo para la democracia de que Uribe aspirara a un tercer período, la corrupción solapada entre muchos miembros de partidos alternativos que posan de limpios, el sentimiento de Vargas Lleras de estar por encima de la ley, los vínculos evidentes de Santos con Odebrecht, la ilegitimidad de las Farc como actor político, etc.

Un tratamiento escéptico de la realidad es necesario. Afortunadamente, hay suficientes columnistas así.

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