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Es la forma

Es la forma

La reconciliación está más en la forma del debate sobre responsabilidades históricas que en
el fondo.

13 de abril 2021 , 09:25 p. m.

El caso de la profesora que puso una tarea a sus estudiantes sobre los ‘falsos positivos’ sugiriendo la responsabilidad de Uribe ha dado mucho material de debate. Para la izquierda, la profesora está en su derecho, bajo la premisa de la libertad de cátedra. Los ‘falsos positivos’ son una verdad demostrada judicialmente, y es cierto que ocurrieron con mayor intensidad durante el gobierno de Uribe. Para el uribismo es puro proselitismo político y adoctrinamiento desde las aulas con falsedades.

El debate se ha querido llevar al fondo. Es decir, si lo que la profesora sugiere en la tarea se apega a la historia o no. Pero no se ha reparado en la forma, en las intenciones políticas que hay en el modo de formular la pregunta ni en los potenciales efectos que pueda tener en la reconciliación. La tarea, a todas luces, está dirigida a crear una asociación directa entre los ‘falsos positivos’ y Uribe, a la vez que descarta la cantidad de matices que hubo entre las órdenes dadas por Uribe y la decisión de una serie de oficiales y suboficiales de utilizar la situación para sacar provecho del asesinato de civiles inocentes.

Es debatible si Uribe era consciente de que cuando presionaba a las Fuerzas Militares por resultados operacionales en términos de bajas se produjera como efecto colateral el asesinato de civiles. Se sabe que en las guerras civiles la violencia toma una lógica de retaliación contra civiles que colaboran con el enemigo, como bien lo ha documentado el profesor Stathis Kalyvas para un sinnúmero de casos. Cuando un actor armado incursiona en una comunidad bajo el control de un rival, donde no dispone de información sobre quiénes son realmente colaboradores del enemigo, suelen ocurrir episodios de violencia indiscriminada.

Sugerir los ‘falsos positivos’ como un acto deliberado de Uribe es un intento por asignar una responsabilidad plena sin ningún tipo de matices ni contextos.

Si Uribe y los funcionarios que dirigieron la guerra, en un momento crítico por el fortalecimiento de las Farc, estaban al corriente de esta situación y persistieron en la política de exigir bajas de la guerrilla es parte de un debate que hay que aclarar dentro de los ejercicios de memoria histórica. Pero es una situación muy distinta a la de responsabilizar a Uribe de incitar al Ejército a matar civiles inocentes en Soacha y hacerlos pasar por guerrilleros en Ocaña. De hecho, dentro de las propias Fuerzas Militares y el Ministerio de Defensa había preocupación por las señales que había sobre lo que estaba ocurriendo y, en un momento dado, se procedió a separar a los oficiales sospechosos de estas prácticas.

En consecuencia, sugerir los ‘falsos positivos’ como un acto deliberado de Uribe es un intento por asignar una responsabilidad plena sin ningún tipo de matices ni contextos. Pero el caso de la profesora y sus formas es, a fin de cuentas, solo un caso micro en las formas como se plantea el debate y sus efectos en las posibilidades de reconciliación.

El problema es cuando la dirigencia política incurre en las mismas formas para referirse a sus contendores. Hace unos pocos días, Humberto de la Calle trinó: “El M-19 cometió graves delitos. Tras un proceso de paz, ha jugado dentro de la democracia. Regresar a la descalificación altisonante no solo es un paso atrás, sino también un obstáculo a la reconciliación”. Tiene toda la razón. El M-19 ha demostrado que pudo adaptarse a las reglas de la democracia y ha enriquecido el sistema y el debate político colombiano durante 30 años, desde la Constitución de 1991. No tiene sentido juzgarlos por algo que se resolvió hace tanto en un acuerdo de paz. Es, a todas luces, un intento por sacar a contendores de la arena política.

La ironía es que ese mismo trino se aplica a un sector del M-19 que ahora se despacha contra sus contendores políticos. No pueden pretender que la contraparte modere sus formas cuando a Uribe no lo bajan de narcoparamilitar.

Así no hay reconciliación posible.

Gustavo Duncan

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