Cristo y los capitalistas

Cristo y los capitalistas

Estos, sobre todo los grandes, poco tuvieron que ver con la organización de ejércitos irregulares.

05 de abril 2018 , 01:19 a.m.

Si se asume que la causa central del conflicto es la pobreza y la desigualdad, lo lógico es buscar responsabilidades en quienes concentran el capital. Nada raro, entonces, que se quiera traer a los empresarios de manera genérica a la justicia transicional. Se trata, en realidad, de la adopción de un ritual cristiano en que alguien debe asumir la culpa de un pecado y expiarlo, sin importar que no lo haya cometido. Igual que se asume la culpa de haber matado a Cristo hace dos mil años para merecer la salvación.

El tema es que los capitalistas, sobre todo los grandes, poco tuvieron que ver con la organización de ejércitos irregulares. Mucho menos estuvieron en el origen y/o moldearon el paramilitarismo. La razón no fue altruista. Fue simplemente que las principales empresas capitalistas del país estaban ubicadas en grandes ciudades, donde la amenaza de la guerrilla y el control paramilitar era menor.

La excepción podrían ser las multinacionales mineras. Como los recursos que extraían se situaban en lugares sin Estado, eran presa fácil de los ejércitos irregulares. Pero pagaron por igual a guerrillas y paramilitares, y difícilmente puede decirse que tuvieron dirección orgánica de sus ejércitos. Lo importante era extraer un recurso, sin importar quién tuviera el mando en la zona.

Los empresarios de la periferia, en cambio, debieron sortear la guerra preocupados acerca de quién ganaba. No solo estaba en juego su capital, sino su supervivencia. Por eso, los ganaderos, los capitalistas más alejados del Estado, se vincularon con mayor intensidad al paramilitarismo. Al mismo tiempo fueron, dentro del empresariado, las principales víctimas de la guerrilla.

Pero es importante hacer un par de precisiones. Por un lado, la ganadería era una de las formas capitalistas más atrasadas del país. Ganaderos como el ‘Gordo’ García y ‘Kiko’ Gómez difícilmente clasifican como clásicos empresarios capitalistas. Por otro lado, la lógica de otro tipo de capitalismo se impuso. El narcotráfico tenía la mayor cantidad de recursos para financiar el paramilitarismo y la mayor necesidad de impunidad para dirigirlo.

No es el propósito aquí exculpar a los ricos de Colombia, sino recalcar en un punto obvio, que la lógica cristiana impide ver: el desarrollo del capitalismo en áreas periféricas y marginales es el mejor antídoto contra el control social que ejercen los ejércitos privados.

GUSTAVO DUNCAN

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