Domesticarlos

Domesticarlos

Neutralizar la organización que asesinó a María del Pilar Hurtado sería otro mensaje contundente.

26 de junio 2019 , 07:00 p.m.

La imagen del niño llorando junto al cadáver de su madre recién asesinada tocó los sentimientos de un país. No era para menos: las estadísticas de homicidios se convirtieron en sentimientos de la vida real, en el drama detrás de cada asesinato.

La mala noticia es que homicidios así continuarán. El conflicto dejó un legado tenebroso que la desmovilización de las Farc y las Auc desnudó. Tras sus proyectos políticos y la justificación moral de sus acciones había una lógica más simple pero, a la vez, más sólida en la comunidad y entre quienes hacían la guerra en el terreno.

Como la revolución y el exterminio de la guerrilla nunca estuvieron remotamente cerca, había que controlar indefinidamente la población y financiar la guerra. Estaban los cultivos, el narcotráfico, el oro, la extorsión, etc. La población aceptaba el nuevo orden porque, a falta de Estado, alguien, así fuera a punta de fuerza bruta, terminaba ofreciendo un mínimo de justicia y seguridad. Y también, hay que decirlo, porque protegía fuentes de riqueza, legales e ilegales, que sostenían los mercados locales.

Más allá de neutralizar un cabecilla y su estructura, se trata de extirpar una subcultura de control social por criminales.

Luego del proceso de paz quedó esta forma de control social y de rentas criminales en la periferia y en los márgenes del Estado. No eran necesarios discursos ni ideologías.
El poder y la oportunidad de riqueza eran motivos suficientes. No es extraño que Colombia esté llena ahora de pequeños Estados criminales. Luego de tantas décadas, es una forma muy arraigada y rentable de gobierno por señores de la guerra, mafias y combos. Y es, por supuesto, una forma muy violenta de gobierno. Cualquier tipo de disidencia, como la de los líderes sociales, o sospecha de colaborar con el enemigo se paga con la vida.

El Estado está en la obligación de eliminar por la fuerza estas organizaciones. Pero es una tarea que tomará mucho tiempo porque, más allá de neutralizar un cabecilla y su estructura, se trata de extirpar una subcultura de control social por criminales.

Una alternativa factible, dada la situación, es que el uso de la fuerza sea dirigido hacia la domesticación de los gobiernos criminales. El Estado debe mandar un mensaje implacable a quienes den rienda suelta a la violencia. Lo ocurrido con ‘Guacho’, dado de baja por haber matado sin razón a tres periodistas, fue un mensaje contundente.

Neutralizar la organización que asesinó a María del Pilar Hurtado sería otro mensaje contundente.

Sal de la rutina

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