Combatir niños

Combatir niños

El debate debería centrarse en cómo sacar a los menores de los grupos armados.

13 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

No es la primera vez que el Estado combate niños. La guerra contra Escobar se trató, en esencia, de un asesinato feroz de adolescentes. Cuando las Farc dieron su salto a la guerra de movimientos, el Ejército tuvo que ir al campo de batalla contra un enemigo que era en gran parte un ejército de niños. Según las memorias del general Ospina, durante la operación Berlín, en el 2000, fueron dados de baja 71 guerrilleros y capturados 132; de estos, 57 eran menores de edad.

Al día de hoy, lo ocurrido puede parecer atroz, y ciertamente lo era, pero en su momento estaba en juego la seguridad del Estado y de la propia sociedad. Los medios con que contaba el Estado no daban mayores opciones para hacer una guerra más selectiva.

La buena noticia, si es que puede ser una buena noticia, es que, por primera vez, el hecho de que el Estado se vea envuelto en operaciones contra menores de edad se convierte en una genuina preocupación de la sociedad, al punto de producir la renuncia de un ministro. No es poca cosa, pero es solo un comienzo. El gran error es que, hasta ahora, el debate se ha centrado en la naturaleza de la acción de la Fuerza Pública para evitar que los menores caigan en combate. Está bien reducir los riesgos operativos. Sin embargo, el debate debería centrarse en cómo sacar a los menores de los grupos armados.

El mensaje de la sociedad debe ser que involucrar a los niños en actos violentos es el peor crimen que se pueda cometer, por encima del narcotráfico, por ejemplo

Un punto de inicio es el reconocimiento de que la mayor de todas las responsabilidades les cabe a los reclutadores. El mensaje de la sociedad debe ser que involucrar a los niños en actos violentos es el peor crimen que se pueda cometer, por encima del narcotráfico, por ejemplo. De hecho, el gobierno de Duque tiene la oportunidad de recuperar un mínimo de liderazgo político llevando al Congreso un proyecto de incremento severo de las penas por ese delito. Las disidencias, Eln y ‘bacrim’ tienen que sentir que reclutar menores pone todo el peso del Estado y la sociedad sobre ellos.

Las Farc están obligadas a reconocer el error que cometieron, pedir un perdón genuino, reparar y no actuar a la defensiva en una actitud negacionista. Fueron los grandes responsables de que el reclutamiento de menores se convirtiera en una práctica masiva. Ojalá mostraran su vergüenza y clamaran por un nunca más.

Dejar todo a aspectos operativos de la Fuerza Pública llevaría a que los grupos irregulares reclutaran a muchos más niños para frenar las acciones militares en su contra.

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