Antidisturbios

Antidisturbios

Los hechos de la semana pasada volverán a pasar si no se forman más y mejores cuerpos antidisturbios

16 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Los hechos de la semana pasada en Bogotá reiteran la necesidad de reforzar, y a la vez reformar, los escuadrones antidisturbios. No se trata de aumentar la función represiva del Estado. Todo lo contrario, se trata de disponer de un cuerpo especializado en el manejo de manifestaciones y aglomeraciones para evitar que la situación degenere en mayor violencia y en afectaciones a la sociedad, en particular a los propios manifestantes.

La ola de movilizaciones está lejos de disminuir. Incluso, a medida que ceda la pandemia se intensificarán. Al malestar social se le sumará una economía en crisis. También es de esperar que en las movilizaciones existan vándalos organizados que no solo inciten a la violencia generalizada sino que ataquen directamente a la Fuerza Pública. Las imágenes son inequívocas: los CAI incendiados, las pedradas y cocteles molotov contra el Esmad, el ataque a edificaciones, etc.

Pero eso no puede llevar a desconocer que unos pocos vándalos organizados tienen efectos sobre la seguridad solo si existe un malestar genuino que lleve a que las movilizaciones sean masivas. De otro modo, sus acciones serían inofensivas por lo fácilmente identificable que resultan. Tampoco se puede legitimar una respuesta desproporcionada como quedó claro en videos en las redes sociales donde se mostraba a una policía incapaz de autocontrolarse. La violencia con que reaccionaron muchos agentes era notablemente el producto del descontrol, del pánico. Los disparos a la turba fueron el acto reflejo de un cuerpo policial que no sabía cómo reaccionar. De allí tantos muertos y heridos.

Lo peor es que va a volver a pasar si no hay liderazgo para formar más y mejores cuerpos antidisturbios. Pensar que con menos Fuerza Pública va a haber menos víctimas y violencia en las movilizaciones es una ingenuidad. La situación sería aún más grave.

Eso no quiere decir que el resto de los cuerpos policivos, distintos a los antidisturbios, no deban también transformarse. Los abusos policiales, como el que ocasionó la muerte de Javier Ordóñez, se han tornado frecuentes. Algo debe de estar mal en el proceso de formación.

De igual modo, es importante que sin necesidad de vincularlos a grandes organizaciones, como el Eln o las disidencias, la inteligencia policial neutralice las organizaciones que provocan la violencia en las manifestaciones y ponen en peligro al resto de la ciudadanía.

Gustavo Duncan

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