Fuego amigo

Petro sabe que su escenario ideal para ganar es uno donde la sociedad esté dividida en dos extremos.

28 de octubre 2020 , 11:37 p. m.

Petro se ha anotado un triunfo con la salida del senador Robledo del Polo Democrático. Es la confirmación de que el grueso del Polo piensa a apostarle a su candidatura en 2022. Sin embargo, todavía queda mucho trecho para conformar una mayoría lo suficientemente amplia que neutralice el respaldo de otros sectores organizados de centro y de izquierda a Fajardo.

La construcción de esta mayoría es parte central de la estrategia electoral de Petro. Es una estrategia que, si tiene éxito, le permitirá disponer de una amplia base de activistas para impulsar su candidatura en las distintas plazas públicas del país, donde sus habilidades como orador son superiores a las del resto. También le ayuda a crear un escenario de confrontación ideológica que señale la falta de compromiso de Fajardo con las grandes transformaciones sociales.

De hecho, el discurso de unidad de las fuerzas progresistas por Petro es ambiguo. Por un lado, pide la elección de un candidato único para enfrentar el uribismo, pero, por el otro, acusa a Fajardo, a Claudia López y a sus eventuales opositores de ser uribistas encubiertos. El centro no existe, dice, es asexuado.

De allí que el llamado a la unidad suene a una trampa para estrechar la franja de centro en las elecciones. Petro sabe que su escenario ideal para ganar en 2022 es uno donde la sociedad está dividida en dos extremos: la derecha vs. la izquierda. Por eso, desde el petrismo se insiste en que no hay polarización, sino que hay buenos y malos (unos explícitos y otros solapados, como Fajardo): unos que van a resolver las injusticias sociales y otros que van a preservarlas, unos que apuestan por el medio ambiente y otros por seguir destruyéndolo. Así en todos los temas.

El problema de esta estrategia, sobre todo cuando se aplica de una manera tan agresiva, es que en el largo plazo deteriora las posibilidades de alianza con sectores que quieran mantener su espacio de independencia. Es normal que los políticos tengan polémicas y luego se alíen, pero cuando las estigmatizaciones y acusaciones pasan cierto umbral pueden alcanzar puntos de no retorno. Demasiado fuego amigo convierte a la gente en enemiga.

Puede ser incluso que lo anterior no sea el resultado en sí de una estrategia deliberada, sino de una alta dosis de personalidad narcisista que impide aceptar el pluralismo como uno de los fundamentos de los acuerdos políticos en las democracias.

Gustavo Duncan

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