‘¿La vacuna pa’ cuándo?’

‘¿La vacuna pa’ cuándo?’

El trino de la Farc habla sobre la pobre conciencia que tiene del daño causado a la sociedad.

19 de enero 2021 , 09:25 p. m.

El pasado 8 de enero, en su cuenta oficial en Twitter, la Farc trinó: “¿La vacuna pa’ cuándo?”. Le preguntaba al Gobierno por la fecha de llegada de la vacuna para el covid-19.

No tiene nada de malo que la oposición le haga control político al Gobierno por el tema de la vacunación. Al contrario, es lo deseable en una democracia. Pero en el caso particular de esta pregunta, al provenir de la Farc, hay un doble sentido muy desafortunado que da lugar a una interpretación bastante perversa del trino, en especial una que hiere a las víctimas del conflicto y dificulta la reconciliación.

El término ‘vacuna’ en Colombia fue y sigue siendo utilizado para referirse al pago que se realiza producto de una extorsión para evitar que las personas, familiares, trabajadores, propiedades, empresas y negocios sean víctimas de la violencia. Fue una práctica utilizada de manera sistemática por guerrillas, paramilitares y crimen organizado, que en gran parte reflejaba el nivel de control territorial que ejercían. De hecho, la vacuna era interpretada como un equivalente al impuesto que se le pagaba al Estado a cambio de servicios públicos como protección y justicia, solo que en este caso se trataba de ejércitos irregulares.

La reconciliación pasa por que la Farc entienda que es insostenible
la imagen del guerrillero heroico,
al que se le puede perdonar todo.

A pesar de su naturaleza sistemática, pues se cobraba cada cierto tiempo durante períodos prolongados, la vacuna no era una garantía creíble para evitar ser víctima de la violencia. En las circunstancias tan volátiles del conflicto colombiano, el pago de la vacuna difícilmente podía evitar la victimización por otros grupos armados o que el mismo grupo armado desconociera lo acordado y exigiera mayores cantidades de recursos o, simplemente, se dedicara a expropiar a la víctima de una vez por todas.

En el caso concreto de las Farc, las vacunas no solo se utilizaron en las zonas donde ejercían control territorial, sino que también se realizaban en municipios y ciudades intermedias donde tenían capacidad de amenazar, pero no de proteger. Allí, las vacunas eran un pago para no ser victimizado, no para ser protegido. Si se considera, además, que la visión política de las Farc estaba enfocada a la toma del poder nacional para hacer una revolución social, el incremento arbitrario de los montos de las vacunas era legítimo dentro del ideal revolucionario. Es más, no era raro que se procediera al secuestro y a la expropiación, sin importar los pagos realizados.

Es difícil contar las víctimas de la vacuna hechas por las Farc. Si se sabe que las víctimas del secuestro fueron decenas de miles, es de suponer que las víctimas de las vacunas se deben contar por centenares de miles. Por muchos testimonios del conflicto se sabe que los afectados no eran solamente los ricos de las regiones donde podían vacunar. Medianos y pequeños comerciantes, dueños de fincas, empresarios, al igual que campesinos y trabajadores, tuvieron que pagar.

Por eso, un trino que pregunta por la vacuna de ese modo se presta para otra interpretación y resulta tan ofensivo. Más de 1.400 respuestas, casi todas insultando a las Farc y refiriéndose a las vacunas como extorsión, demuestran cómo se lo tomó la gente. Era demasiado obvio.

De seguro, la Farc no publicó ese trino con el propósito de ofender a las víctimas. Sin embargo, sí es diciente de la pobre conciencia que tiene del daño causado a la sociedad. No está internalizado, ni siquiera en su lenguaje público. Esto dificulta la reconciliación. Es muy difícil perdonar cuando quien cometió actos de tanta brutalidad no es consciente de lo que hizo y menosprecia a las víctimas.

La reconciliación pasa por que la Farc, y muchos otros sectores que militaron en la violencia, entienda que es insostenible la imagen del guerrillero heroico, al que se le puede perdonar todo el daño causado en el nombre de la revolución.

Gustavo Duncan

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