Secciones
Síguenos en:
Avalancha

Avalancha

La convicción sobre la injusticia es tan alta que no es tiempo para discutir qué es cierto o no.

25 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

El futuro del paro es incierto. No hay claridad acerca de cuándo se vayan a levantar los bloqueos, ni de cuándo el comité del paro ceda en las negociaciones y ordene el cese de la movilización. De hecho, no hay certeza de que si el comité decide el levantamiento, los manifestantes vayan a obedecer.

De lo que hay certeza es de las consecuencias políticas. La próxima elección va a ser sobre la situación de malestar social que quedó en evidencia con el amplio respaldo a las movilizaciones. El candidato que logre interpretar este malestar y ofrezca soluciones que ilusionen al electorado tendrá una ventaja decisiva en 2022. Poco importa que las soluciones que ofrezca sean inviables y que en el mediano plazo lleven a situaciones sociales aún más difíciles que las actuales. Lo importante es que seduzca a una sociedad con ansias de cambios sociales.

Mientras tanto, parte de la élite económica y política se agarra a la idea de que es posible mantenerse en el poder y preservar la riqueza sin proponer transformaciones sustantivas que llenen las expectativas de los votantes. Quieren creer que basta con un cambio de latonería y pintura para que todo siga igual. Leen mal el momento por dos razones.

En medio de la avalancha es mejor correr y ponerse a salvo que discutir qué pasos dados antes provocaron
el desprendimiento de la nieve.

La primera es que la legitimidad del poder político y de la riqueza se ha deteriorado progresivamente por la sensación en la sociedad de que a los altos cargos del Estado no se llega por méritos, sino por contactos y negociaciones, que la dirigencia está más preocupada por sus intereses particulares que por la prosperidad colectiva y que la riqueza no es producto de la innovación, la eficiencia y el riesgo que asumen los empresarios, sino de ventajas en los mercados o de prebendas aseguradas por el Estado.

La segunda razón es que la crisis generada por el covid-19, en que un porcentaje significativo de la población volvió a la pobreza y al hambre, llevó a que la sociedad, en particular jóvenes sin perspectivas de futuro, se lanzaran a protestar masivamente en las calles sin medir las consecuencias económicas de un paro indefinido. La sensación de que no importa que la economía colapse porque igual ellos no tienen nada que perder –porque no tienen nada– va a plantear un desafío brutal a la creencia de que los votantes, así estén descontentos, votarán por el establecimiento porque de otra manera les irá peor.

Las élites políticas y económicas pueden argumentar que estas razones no son ciertas del todo, que hay matices, pero eso es irrelevante ahora. La convicción moral de la sociedad sobre la injusticia que se comete es tan alta que no son tiempos para discutir qué es cierto o no. En medio de la avalancha es mejor correr y ponerse a salvo que discutir qué pasos dados antes provocaron el desprendimiento de la nieve.

La clase política está obligada a cambiar su interacción con la sociedad. Las elecciones no pueden limitarse a la compra de líderes locales a precios desorbitados que luego se pagan con tajadas descomunales y el nombramiento de funcionarios incompetentes. Bajar los sueldos de los congresistas y racionalizar el gasto de funcionamiento del Estado lanzaría un mensaje muy potente, aunque sea tan solo un primer paso.

Los empresarios, por su parte, deben asumir directamente su papel como un agente central para la reducción de la pobreza y redistribución del ingreso. Si se limitan a pagar sus impuestos y a dejar que la tarea la haga una clase política poco comprometida con el crecimiento de las empresas y la creación de empleos formales, los efectos se sentirán en las tasas de pobreza y desigualdad y en el derrumbe de su propia legitimidad. Los empresarios deben entender que su papel como parte de la sociedad civil es también el de controlar a la dirigencia política, no el de unos colaboradores a la sombra, la mayoría de las veces llenos de reticencias.

Gustavo Duncan

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.