Rayos y centellas

Rayos y centellas

Acabar con los mensajeros no haría desaparecer las malas noticias.

08 de junio 2019 , 10:24 p.m.

Las amenazas de tormenta han arreciado en el escenario internacional. El huracán Trump está desatado. Ha ido pasando de los trinos y los truenos a la acción contra las importaciones chinas y empresas tecnológicas como Huawei. La economía china ya se está resintiendo. Pero en EE. UU. también han aumentado las probabilidades de recesión a causa de la incertidumbre generada por este proceder voluntarioso y caótico de su presidente.

Los conflictos europeos también se han exacerbado. Cada vez es más probable que haya un ‘brexit’ sin acuerdo sustituto para el comercio entre el Reino Unido y la Unión Europea. Al crecer este riesgo, la inversión inglesa se ha desplomado, y cada vez más empresas cambian su sede principal de Londres a alguna otra capital europea. A su turno, el Gobierno italiano parece decidido a desafiar los acuerdos fiscales con la Unión Europea. Esa actitud puede acabar desestabilizando la frágil banca italiana. Las malas ondas que proceden de Inglaterra y Roma están comenzando a hacer mella hasta en la economía más fuerte del área, la alemana.

Ante semejante panorama, uno quisiera ver a los gobernantes de la región dedicados a reforzar las paredes y las ventanas de sus economías, para que no se vengan abajo cuando los rayos y centellas den paso a una tormenta en la economía global. O, cuando menos, que no sumen motivos de incertidumbre interna a los vientos huracanados que se acercan cada vez más a nuestras costas. Pero algunos parecen empeñados en llover sobre mojado.

El caso más dramático es el de López Obrador en México, que ha hecho todo lo posible por ahuyentar la inversión de su territorio patrio, con mucho éxito. Ahora, Trump lo agarra con los pantalones abajo, al anunciar aranceles adicionales del 5 por ciento contra todas las importaciones mexicanas si no colabora “más” en detener el flujo de inmigrantes ilegales desde su territorio.

Nuestro propio caso es menos grave. Pero no deja de preocupar que el Gobierno continúe negando la evidencia de los riesgos y haya contribuido a aumentar la incertidumbre. Por ello se han diluido las expectativas optimistas que los inversionistas nacionales depositaron inicialmente en el gobierno Duque, y las últimas cifras muestran un enfriamiento de la incipiente recuperación de nuestra economía, aunque la inversión extranjera petrolera y minera aumentó mucho, impulsada por mejores precios.

El Gobierno presentó los informes de Moody’s y Fitch como un respaldo a sus políticas, sin reconocer que ambos contienen una advertencia mayúscula sobre los riesgos fiscales a partir del año 2020. Fitch fue más explícito en que puede sobrevenir una rebaja de nuestra calificación de riesgo, y criticó el anuncio de que, en caso de necesidad, se vendería Ecopetrol o ISA para cumplir la regla fiscal, pues eso equivaldría a vender las joyas de la corona para pagar el mercado.

El Gobierno se sorprende de que la inversión nacional no reaccione más ante el descuento del IVA pagado en las compras de bienes de capital. Pero el sector privado no es tonto. Sabe que la ley de financiamiento redujo sus costos pero aumentó los riesgos fiscales. Y los inversionistas son muy sensibles a la percepción de mayores riesgos.

Las expectativas empresariales también se afectan por la percepción de riesgos de índole política, como lo sugirió el gerente del Banco de la República. Le cayeron rayos y centellas, como a todos los que nos hemos atrevido a decir que el empeño del Presidente en peleas inútiles, que no tenían viabilidad política ni jurídica, ha enrarecido el ambiente de negocios.

El Gobierno haría bien en regresar al discurso inicial de reconciliación, en lugar de dispararles a quienes hacen advertencias o son mensajeros de malas noticias. Porque acabar con los mensajeros no las haría desaparecer.

GUILLERMO PERRY

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