¿Qué será lo que quiere el negro?

¿Qué será lo que quiere el negro?

La propuesta de Uribe sobre salario mínimo es una carga de profundidad contra el gobierno Duque.

25 de agosto 2018 , 11:27 p.m.

Esta semana, el expresidente Uribe soltó otra bomba. Presentó un proyecto de ley que autorizaría al Presidente a decretar, por una vez, un aumento extraordinario del salario mínimo. De concretarse esta iniciativa, tendría efectos contrarios a los objetivos de formalización, emprendimiento y estabilidad fiscal que busca el Gobierno. Duque debe estar pensando: ‘Ay, mama, ¿qué será lo que quiere Uribe?’.

Veamos. Un alza artificial del salario mínimo encarecería la contratación de los jóvenes, las mujeres y los trabajadores con menos educación que ganan hoy salario mínimo. Las empresas los contratarían menos, y así aumentarían la informalidad y el desempleo. El golpe sería mayor para las pequeñas y medianas empresas, que son las grandes generadoras de empleo para los trabajadores con poca experiencia o educación. Por eso, Acopi se opone.

Además, esa alza se convertiría en referencia para todas las negociaciones laborales y, por tanto, arrastraría hacia arriba otros salarios privados y públicos. Muchas otras empresas contratarían menos personal o aumentarían sus precios para compensar el alza de costos laborales. Esto último generaría presiones inflacionarias que obligarían al Banco de la República a subir las tasas de interés.

Todo lo anterior llevaría a menor competitividad empresarial, menor crecimiento económico, más inflación y menos empleo formal. ¡Y Duque se ha comprometido a aumentar la formalización y apoyar el emprendimiento! Por eso quiere reducir la carga tributaria a las empresas, pero ese efecto quedaría anulado con el aumento de sus costos laborales.

En adición, al conducir a mayores alzas de los salarios públicos, haría más difícil cumplir la regla fiscal. Su incumplimiento nos llevaría a perder el grado de inversión y encarecer el crédito para todos. Para cumplirla, el Gobierno tendría que sacrificar aún más la inversión pública, que está ya en los rines, o aumentar los impuestos. Y eso sin considerar el impacto sobre los costos pensionales para el Gobierno.

Por todos esos riesgos, ningún país serio hace aumentos salariales grandes por decreto o ley. Los que lo han hecho en nuestro continente (Perón en Argentina, Allende en Chile, Alan García en Perú y Chávez y Maduro en Venezuela) condujeron sus economías a episodios inflacionarios y crisis que acabaron afectando a todos los ciudadanos. De allí que se los recuerde como los grandes desastres populistas de la región. No parece un club apropiado para Duque.

¿Será que lo que quiere el negro es perjudicar a su pupilo? Nadie entiende por qué querría Uribe que Duque incumpliera sus promesas de formalización, emprendimiento y estabilidad fiscal. Por eso, muchos piensan que se trata de una estrategia política convenida en secreto entre los dos para desviar la atención de la opinión acerca del debate tributario y pensional.

Hasta ahora, esa y otras actuaciones de Uribe igualmente extravagantes (como la telenovela de la carta de renuncia que no llegaba y que cuando llegó ya no valía; o su oposición a la consulta anticorrupción que aprobó en el Congreso y que Duque apoya) han tenido como único efecto opacar al nuevo presidente y sus programas.

Como dijo Sergio Fajardo en una entrevista reciente con Vicky Dávila, si esto es una oscura componenda con Duque, adiós a la esperanza de que hiciera un gobierno distinto, transformador y transparente. Y si no lo es, Uribe le está quitando a Duque la oportunidad de establecer un liderazgo diferente y construir un país moderno.

Quizás lo que quiere el ‘presidente eterno’ es seguir captando eternamente la atención de los medios y manejando la agenda política. Lo malo es que lo hace a costa del prestigio, el liderazgo y la efectividad del Presidente en ejercicio. Más vale que Duque reaccione a tiempo y tome las riendas del debate. De lo contrario, apaga y vámonos.

GUILLERMO PERRY

Columnistas

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