Ganar perdiendo

Ganar perdiendo

Hay que perseverar para que el triunfo de la consulta anticorrupción no sea flor de un día.

01 de septiembre 2018 , 11:48 p.m.

La votación masiva por la consulta anticorrupción constituyó un gran triunfo político ciudadano y de los movimientos políticos alternativos que la promovieron (el partido Verde, Compromiso Ciudadano y el Polo Democrático) o que la apoyaron (la Colombia Humana). Haber movilizado más de 11 millones y medio de votantes (una cifra superior a la que eligió a Duque, Santos o Uribe) sin contar con espacios en la televisión, recursos públicos, donaciones empresariales, buses ni maquinarias electorales constituye un hecho notable en nuestra historia política, apenas comparable al éxito de la séptima papeleta, que condujo a la Asamblea Constituyente de 1991.

Sin embargo, como no se logró el umbral, no hay ningún resultado concreto asegurado.

Resulta esperanzador el apoyo del Presidente y su convocatoria a los promotores y los directores de los partidos para convenir un paquete legislativo, debidamente revisado, que será tramitado con mensaje de urgencia. Con ese acto, Duque comenzó, ahora sí, a gobernar.

Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Todos los partidos se comprometieron a respaldar estas iniciativas, pues nadie quiere aparecer como amigo de la corrupción. Sin embargo, queda por ver hasta dónde lo harán en la práctica y qué micos tratarán de meter. Pues, si bien la convocatoria de la consulta fue aprobada por unanimidad en las plenarias del Congreso, la mayoría de los parlamentarios se cruzaron luego de brazos, esperando que fracasara, y el Centro Democrático hizo una campaña muy agresiva en su contra.

Por demás, este paquete constituiría apenas un primer contado en una lucha efectiva contra la corrupción. Un libro publicado esta semana por Fedesarrollo (‘Lucha integral contra la corrupción en Colombia: reflexiones y propuestas’) muestra la enorme complejidad del tema y de qué modo, para lograr resultados, habría que actuar simultáneamente en tres frentes, que se reforzarían mutuamente: limitar las oportunidades de corrupción, disuadir a los corruptos potenciales mediante la aplicación de penas efectivas y cambiar las conductas de comportamiento empresarial y ciudadano proclives o tolerantes con la corrupción.

Para ello identifica tres prioridades: 1) Acabar con el frecuente círculo vicioso de ‘tú me financias mi campaña y yo te pago con contratos públicos’, mediante garantías de transparencia y competencia en todos los procesos de contratación y licitación pública, la reforma de la ley electoral, el fortalecimiento y la autonomía del Consejo Nacional Electoral frente a los partidos políticos y la eliminación de las contralorías subnacionales. Como también proscribiendo la ‘mermelada’ que refuerza este círculo vicioso; 2) Fortalecer y sanear el sistema de justicia, control y supervisión de la acción pública, para que operen a plenitud los elementos disuasorios; 3) Un compromiso efectivo de los gremios, asociaciones profesionales, ONG y partidos y movimientos políticos para promover un cambio de conducta entre sus afiliados y agremiados, y una menor tolerancia de la sociedad con los hechos de corrupción. Esta es una agenda técnica y políticamente compleja que tomaría tiempo desarrollar y podría beneficiarse del acompañamiento de una comisión de expertos, como se hizo en Chile hace unos años con la Comisión Engel.

Los partidos tradicionales, Cambio Radical y ‘la U’, que han desarrollado adicción a la ‘mermelada’ y varios de cuyos miembros han estado incursos en graves problemas de corrupción, tendrán ahora que decidir si votan por acabar con su adicción y comenzar una vida nueva o seguir en las mismas hasta que desaparezcan. Y el Centro Democrático deberá decidir de una vez por todas si acompaña o no al jefe de Estado que eligió.

Por todo ello, no se puede bajar la guardia. La sociedad civil tiene que seguir activa y ejerciendo presión. Lo contrario llevaría a perder ganando.

GUILLERMO PERRY

Columnistas

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