Entre la paz y el infierno

Entre la paz y el infierno

Las objeciones presidenciales a la Ley de la JEP nos pueden llevar a nuestro propio infierno.

16 de marzo 2019 , 11:51 p.m.

El historiador Harold James, en su columna reciente ‘Brexit es el infierno’, sostiene que el Reino Unido escogió su propio castigo al optar por el ‘brexit’, y cita una frase del papa Francisco: “Dios no lo envía a uno al infierno, uno va allá porque lo escoge”. Duque hizo lo mismo al presentar varias objeciones improcedentes o inconvenientes a la ley estatutaria de la JEP. Pareciera haber renunciado a su sueño de ser “el Presidente que una a los colombianos”. Era evidente que estas objeciones conducirían a una oposición ampliada y radicalizada a su gobierno, como está sucediendo, y que lo enfrascarían en una larga polémica jurídico-política que no dejará espacio a sus anunciados ‘pactos por Colombia’.

Duque estaba en su derecho de presentar objeciones por inconveniencia a la ley estatutaria de la JEP. Pero, como mostró Juanita Goebertus, varias de ellas no se refieren al texto de la ley, sino al contenido de las sentencias de la Corte. Por eso, el Procurador, la oposición y muchos juristas las consideran un grave desacato a la Corte Constitucional, disfrazado de objeción por inconveniencia (una especie de travestismo jurídico). En estos casos, el Congreso debe rechazarlas por improcedentes. De aceptarlas, la Corte volvería a declararlas inconstitucionales.

Otras dos objeciones se refieren a peleas menores por competencias (entre la JEP, el comisionado de Paz y la Fiscalía) que no justifican semejante alboroto. Y una más pretende obligar a la JEP a juzgar a todo guerrillero raso que haya cometido delitos de lesa humanidad. Acabaría siendo peor que la enfermedad que pretende curar, pues favorecería la impunidad de los máximos responsables ante la imposibilidad física de investigar y fallar tantos casos.

¿Por qué se metió el Presidente en esta cruzada religiosa que exacerbó los ánimos, pero que no puede tener efectos prácticos de importancia? Parece que su combo político (el Centro Democrático, los conservadores y los cristianos) quería munición para las elecciones territoriales que se avecinan. Pero este tiro en el pie puede dejarlo cojo para el resto de su mandato. Lo que nos acabaría perjudicando a todos.

Por eso pienso que si el Centro Democrático y Duque estuvieran dispuestos a negociar en el Congreso (a diferencia de los promotores del ‘brexit’), aceptando que se rechacen las objeciones por improcedentes, el centro político también debería estarlo para examinar desapasionadamente las reformas anunciadas del acto legislativo. Es innegable la inconveniencia de que los crímenes sexuales contra niñas y niños sean tratados como actos de guerra. Ese exabrupto no puede considerarse parte esencial del acuerdo de paz. Nadie se opondrá a derogarlo. También puede ser conveniente precisar mejor que quien siga sembrando o traficando con coca, o secuestrando, perderá todos los beneficios otorgados por el acuerdo. Y que no debe ocurrir eso si comete un delito menor, como robarse una gallina. Nunca entenderé por qué Duque no se limitó a estas iniciativas, que pueden generar un amplio consenso.

Se ha dicho que de no haber acuerdo en el Congreso sobre las objeciones, como es probable que ocurra, se hundiría la ley estatutaria. Eso no impediría que la JEP siga operando como lo ha venido haciendo. Pero hay sentencias recientes de la Corte (633 del 2016) que dicen claramente que solo se hundirían los artículos objetados. En todo caso, la JEP debe actuar con diligencia y prudencia. No puede volver a dar papayazos como el de la dilación del envío del caso ‘Santrich’ a la Corte Suprema, que tanto ha afectado su prestigio.

Ojalá cunda la sensatez. De no ser así, habríamos perdido otra oportunidad de construir la paz con base en un amplio consenso. Y le estaríamos echando fuego a nuestro infierno de polarización y violencia.

P. S.: me uno al duelo nacional por el fallecimiento de Gloria Zea.

GUILLERMO PERRY

Sal de la rutina

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