¿Cómo recordaremos a Duque?

¿Cómo recordaremos a Duque?

¿Será Duque recordado como el presidente que unió a los colombianos? No parece.

07 de abril 2019 , 01:44 a.m.

El presidente Duque debe decidir pronto por cuáles hechos quiere ser recordado. Al posesionarse dijo que deseaba pasar a la historia como el presidente que unió a los colombianos. Pero no lo está haciendo. Y sería bueno, para él y para Colombia, que lo recordemos por haber construido y no por haber destruido.

Al evocar a los presidentes anteriores vienen a la memoria dos o tres hechos, no siempre de su entera responsabilidad, que caracterizaron sus mandatos. A Gaviria se lo recuerda por la apertura y la Constituyente de 1991, pero también por La Catedral y el apagón. A Samper, por el proceso 8000 y el Salto Social frustrado. A Pastrana, por la farsa del Caguán y la crisis económica de 1999. A Uribe, por la Seguridad Democrática, pero igualmente por el “articulito” y las chuzadas. A Santos, por el acuerdo con las Farc y la polarización política. Y creo que a ambos, Uribe y Santos, se les atribuirá el desperdicio del ‘boom’ petrolero.

Yendo más atrás pasa lo mismo. Se recuerda a Lleras Camargo por el regreso a la democracia. A Guillermo León Valencia, por el alza por decreto de los salarios y la inflación que causó en 1963. A Carlos Lleras, por el viraje hacia un modelo exportador y una impresionante reforma del Estado que marcaron el devenir nacional entre 1967 y 1991. Al evocar a Misael Pastrana surgen en la memoria el Upac, el despelote fiscal y la aceleración de la inflación. Heredamos de López el modelo petrolero y minero, con todo lo bueno y lo malo que ha tenido. Turbay es recordado por el Estatuto de Seguridad. Belisario, tristemente, por Armero y el Palacio de Justicia. Barco, por la lucha frontal contra los carteles de la droga y la paz con el M-19.

Duque heredó una profunda polarización política que nos hizo mucho daño en los diez años pasados. Procuró, al principio, bajarle el tono. Todos aplaudimos (bueno, casi todos), pero luego se pegó un tiro en el pie con las objeciones por inconveniencia a la ley estatutaria de la JEP, que era obvio que no tenían ningún futuro. Como advertimos tirios y troyanos, esa decisión envió a todos los partidos del centro (el Liberal y el Verde y hasta ‘la U’ y Cambio Radical) a una oposición militante, y hoy hay más polarización que al principio de su mandato. Duque asumió con ello un costo político enorme.

Recibió también el legado de una corrupción que hizo metástasis. Adoptó las banderas que se habían izado bien alto con la consulta anticorrupción promovida por Claudia López, Angélica Lozano y el resto de la Coalición Colombia (el partido Verde, Fajardo y Robledo). Pero luego dejó botados los proyectos de ley en el Congreso, incluido el muy importante de la reforma política.

En estos dos casos, el presidente Duque demostró inicialmente un fino instinto político, pero luego incoherencias y una dramática incapacidad de ejecución. Lo mismo sucedió con la ley de financiamiento. Han sido tres oportunidades lamentablemente desperdiciadas. No es claro si lo fueron por falta de liderazgo, de experiencia o de autonomía. Pero, cualquiera que sea la razón, está dejando pasar los primeros meses de su gobierno casi en blanco.

Duque dijo al principio que pensaba construir y no utilizar el espejo retrovisor. Pero él y su gobierno a veces construyen y otras se dedican a mirar para atrás. A medida que aparecen dificultades crece la tentación de unirse a la voz del Centro Democrático para la cual todos los problemas pasados, presentes y futuros se deben al presidente del Nobel. Con lo cual han logrado el milagro de recuperar su imagen ante la opinión. Nadie sabe para quién trabaja.

Duque todavía podría retomar el rumbo inicial, aunque ha perdido tiempo precioso. Y, como en cualquier momento le cae encima un chicharrón inesperado, corre el riesgo de ser recordado solo por sus consecuencias.

P. S.: Gran noticia el desarrollo inminente de pozos importantes de gas costa fuera.

GUILLERMO PERRY

Columnistas

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