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Una nación en búsqueda de sí misma

Una nación en búsqueda de sí misma

Los jóvenes y los trabajadores marcan con sus luchas el comienzo de una nueva época.

03 de enero 2020 , 07:00 p. m.

En la Nueva Granada de 1781 se produjo la Revolución de los Comuneros en contra de los impuestos y prohibiciones de la corona española. Fueron engañados por el arzobispo Caballero y Góngora; luego, derrotados, y ejecutados sus líderes. Pero bajo sus cenizas permanecía el calor que se avivaría en la lucha independentista.

En 1854 se produce la guerra civil entre gólgotas (comerciantes) y draconianos (artesanos), que disputaban sobre la “libertad” de comercio. Vencieron los gólgotas librecambistas y los artesanos, la variante democrática del Partido Liberal, fueron derrotados y humillados por una aristocracia sin pergaminos que se refería a ellos como la chusma.

En 1863 se hace la Constitución de Rionegro, federalista y con amplias garantías liberales, hasta que los centralistas, autoritarios y clericales, imponen la Constitución de 1886, dando comienzo al período de hegemonía política conservadora más largo y oscuro de la historia colombiana. Perdieron a Panamá en 1901, bajo las intrigas norteamericanas, y a cambio recibieron una compensación monetaria.

Pero el país trabajador, al margen, hacía la revolución de la caficultura, avanzaba y construía la incipiente industria. En 1930 se da comienzo a 16 años de la República Liberal, con reformas sociales, que fue atacada por los conservadores con el uso de todos los medios de lucha, para que al final, en 1946, retomaran el poder, sin parar la violencia contra los liberales. Los campos se despoblaron.

En 1948, con la muerte de Jorge Eliécer Gaitán se inaugura una nueva época de violencia partidista, que arroja como resultado cerca de 300.000 muertos, para luego pactar en 1957 el Frente Nacional (1958-74). Un acuerdo entre liberales y conservadores que consolidó la derrota ideológica del liberalismo para recibir a cambio cuotas burocráticas en el gobierno. La reforma agraria, el último esfuerzo por distribuir “la tierra para el que la trabaja”, por parte de Carlos Lleras Restrepo (1966-70), fue derrotada, y la coalición turbo-lopista se le atravesó a Lleras en sus pretensiones reeleccionistas de 1974, dando por terminado todo intento serio de reforma agraria.

Las redes digitales han desenmascarado los abusos verbales y violentos contra la población que reclama contra la negación histórica del reconocimiento e igualdad

En 1990, con el gobierno de César Gaviria se inaugura el programa neoliberal de la apertura externa, bienes y capitales, que ya había tenido sus comienzos en el gobierno de Virgilio Barco. La Constitución de 1991, aunque rica en derechos ciudadanos, es el marco jurídico de la apertura, y la banca central independiente se desliga de los objetivos macroeconómicos del empleo y el crecimiento, asumiendo su responsabilidad exclusiva en el control de la inflación.

La industria que se había creado en los 90 años precedentes y las mejoras en distribución del ingreso fueron canceladas, y se entró en una época de expectativas frustradas. ‘Bienvenidos al futuro’ fue un retroceso social y económico.

La economía se reprimarizó, las multinacionales mineras reaparecieron en todo el territorio que se concesionó —luego de haber salido del Chocó, Segovia y Remedios—, sin miramientos con las afectaciones a los recursos naturales y a las comunidades.

En 2019 se cumplieron 200 años de independencia nacional, con un proyecto que no se consolida para sacar el país del atraso, no obstante las luces de Bengala.

Ahora, los jóvenes y luego toda la población, en frustración, se vienen tomando las calles con alegría y demandas al Gobierno, que mama gallo para ganar tiempo. Los impuestos y el gasto del Gobierno están en el centro de la disputa, al igual que las mejoras en las condiciones de trabajo, que el Gobierno pretende precarizar aún más.

La gente le perdió el miedo a la calle, después de que se firmara en 2016 un acuerdo entre las Farc y el Gobierno para que aquella dejara las armas y asumiera la política como instrumento de lucha legal.

Las Farc surgieron como grupos de autodefensa de los campesinos ante la violencia de los 50 y los atropellos de la Fuerza Pública, posteriormente, se trasformaron en fuerza beligerante con pretensiones de gobierno y poder. Sin embargo, el crecimiento del aparato militar gubernamental les propinó derrotas decisivas que ablandaron a su dirigencia y sus expectativas, llevándolos a la mesa de la negociación con el gobierno de Juan Manuel Santos. Este hecho cambia la historia del país.

El movimiento social que se había mantenido en el congelador debido a la criminalización de las demandas ciudadanas comenzó primero con timidez y luego con alegría a protestar contra el Gobierno mientras contiene a los violentos y provocadores.

Los marchantes de hoy no son los activistas de izquierda que marcharon en contra del imperialismo en los 60 o 70, con los libros de Mao o de Marx debajo del brazo, no; son los jóvenes y ciudadanos de todas las edades y condiciones, con un teléfono móvil que congrega y transmite fotos y videos de las marchas. Las redes digitales han desenmascarado los abusos verbales y violentos contra la población que reclama contra la negación histórica del reconocimiento e igualdad. Es decir, democracia. La brutalidad policial es temida, pero no asusta a los reclamantes que aumentan con los desatinos oficiales.

Primero fueron los comuneros, luego los artesanos, después los trabajadores y campesinos, ahora los jóvenes y los trabajadores que con sus luchas marcan el fin de 200 años y el comienzo de una nueva época con esperanzas.

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