La Medalla de la Libertad para una curva

La Medalla de la Libertad para una curva

Es el justo reconocimiento a una idea que estuvo detrás del ‘socialismo’ para los ricos.

13 de junio 2019 , 07:00 p.m.

Según ‘The Wall Street Journal’, el periódico de la élite económica de los EE. UU., “el presidente Trump otorgará la Medalla Presidencial de la Libertad al economista Arthur Laffer, uno de los pioneros de la idea de que los recortes de impuestos pueden aumentar los ingresos del Gobierno” (31 de mayo del 2019).

Y no es para menos, Laffer es el cerebro detrás de la idea de que el recorte de impuestos a los ricos resulta en prosperidad para todos, y esa es la política que desde el gobierno de Ronald Reagan, durante dos períodos consecutivos, entre 1981 y 1989, se puso en práctica y, posteriormente, también se hizo durante los gobiernos demócratas. Los superricos han gozado con las rebajas a las tasas impositivas, aumentando sus ingresos sobre el PIB y, por lo tanto, concentrando aún más los ingresos y la riqueza. En Gran Bretaña pasó algo similar desde el gobierno de Margaret Thatcher (1979-1990).

Según la mitología urbana construida alrededor de Laffer, este estaba sentado en una cafetería con algunos amigos republicanos en 1974 —Jude Wanniski, Dick Cheney y Donald Rumsfeld— y dibujó una gráfica de dos ejes en una servilleta. En el eje vertical representó la tasa impositiva (%) y en el eje horizontal, los ingresos generados por los impuestos, y entre los dos ejes dibujó una curva que viene del origen (0) y luego se dobla y regresa al eje vertical con un valor del 100 por ciento, como una grapa curva contra la pared. Si se voltearan los ejes, el dibujo representaría una campana o una U invertida.

La idea es que siempre hay dos pares de tasas impositivas a las cuales se produce el mismo nivel de ingresos. Es decir, a una tasa del 0 por ciento no hay ningún impuesto, pero a una tasa del 100 por ciento tampoco porque los agentes económicos dejarían de trabajar y esforzarse para producir más, y los ingresos serían cero. Por lo tanto, si la economía estaba en la parte descendente de la curva, al disminuir las tasas los ingresos fiscales subirían, hasta llegar al punto en que la curva se tuerce hacia atrás y se logra la tasa óptima impositiva con la máxima recaudación de impuestos.

En este sentido, la idea era recortar las tasas impositivas para estimular a los empresarios a producir más y generar más empleos, porque las altas tasas impositivas estaban generando bajas tasas de crecimiento, altas tasas de desempleo y estaban estimulando a los empresarios a evadir impuestos. Por lo tanto, “las tasas de impuestos más bajas fomentan el ahorro, la inversión, el trabajo y la toma de riesgos” (P. C. Roberts).

Pasaba lo mismo con los trabajadores: “Feldstein descubrió que una tasa de impuesto marginal del 30 por ciento hacía que el desempleo fuera suficientemente competitivo con el trabajo para elevar la tasa de desempleo en 1,25 puntos porcentuales y reducir la base impositiva por la pérdida de producción de un millón de trabajadores” (PCR).

En 1981, los economistas del lado de la oferta (supply side), la política que se centra en los incentivos individuales, predijeron que si se rebajaban las tasas impositivas en 25 por ciento, el presupuesto público estaría equilibrado hacia 1984. Es decir, que se eliminaría el déficit fiscal de los EE. UU. Sin embargo, se produjo lo contrario, de acuerdo con la narrativa de Paul Davidson: la deuda pública de los EE. UU. pasó de 900 billones (10 a la 9) de dólares a 1.600 billones.

Sin embargo, el objetivo no era reducir el déficit o eliminarlo. La agenda oculta de los republicanos, que todavía continúa con Trump, era eliminar las tendencias a la desconcentración del ingreso que con las políticas del New Deal había implementado F. D. Roosevelt desde la crisis del 30 y, de paso, liquidar el sistema de bienestar heredado de esa época, recortando sus programas, para reducir el tamaño del Gobierno —sostiene Davidson— que no es otra forma para decir que los déficits fiscales son malos para la economía y que el gasto debe estar equilibrado con los impuestos, pero haciendo recaer sobre los más necesitados las consecuencias de los recortes impositivos mientras Wall Street estaba de fiesta, y sigue estándolo.

La ‘reaganeconomía’ había nacido: “Reducciones de tasas impositivas combinadas con reducciones en el crecimiento del gasto federal” (PCR).

Por su parte, la economista Frances Coppola señala a modo de evaluación: “Los defensores de los recortes de impuestos para los ricos señalan el hecho de que (…) la prosperidad general ha aumentado, mientras que las tasas impositivas sobre los ricos han disminuido. (…) la mayor parte de ese aumento de la prosperidad se ha producido en los países en desarrollo: en muchos países occidentales, los salarios se han estancado y una proporción creciente de la población tiene un empleo inestable. No existe un vínculo causal demostrable entre los recortes de impuestos para los ricos y la prosperidad creciente para todos los demás” (la abominable curva de Laffer).

En consecuencia, la medalla que un especulador inmobiliario le dará al economista Laffer es el justo reconocimiento a una idea que estuvo detrás del ‘socialismo’ para los ricos: “Los que tienen mucho nunca dejan de defender sus intereses” (Piketty).

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