Energía y desarrollo: revolución y sombras

Energía y desarrollo: revolución y sombras

La abundancia o no del carbón determinó caminos tecnológicos diferentes.

11 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

La demanda de carbón, debido a su alto impacto como generador de CO2 y de otros gases, comienza a declinar y posiblemente haya una reducción abrupta en los próximos años, así como el petróleo, debido a la inminencia de la catástrofe que provocará el calentamiento global que sobrevendrá si no cambiamos el curso.

Sin embargo, el carbón fue el factor más importante —es una hipótesis— para explicar por qué Gran Bretaña (GB) hizo la revolución industrial (RI) entre 1760-1850. Sin carbón, la RI hubiera sido imposible. GB tuvo suerte, tenía carbón, abundante y barato, y cerca de las vías y canales para llevarlo a Londres y otras ciudades, diría el historiador K. Pomeranz.

En efecto, como señala A. Smith en la Riqueza de las naciones, la industria manufacturera se estableció en las regiones productoras de carbón o cercanas a ellas: “en todo Gran Bretaña los industriales se han limitado a las localidades carboníferas”.

Hoy, gracias a los avances de las revoluciones tecnológicas previas, la energía solar y eólica, limpias y baratas, vuelven a ser una alternativa.

GB tenía abundante carbón y lo usó para el consumo casero y fue la fuente energética que impulsó las innovaciones tecnológicas centrales de la RI, los telares, la máquina de vapor, el desarrollo del ferrocarril y los barcos a vapor, convirtiendo el calor en energía mecánica. Las distancias se achicaron, y los costos de fletes y viajeros disminuyeron.

Existen dos regímenes biológicos por fuente de energía. El antiguo, basado en la energía solar, base energética de las civilizaciones agrarias, y el nuevo régimen biológico que sacó su energía de los yacimientos acumulados de carbón, y luego del petróleo. Este segundo régimen sentó el prerrequisito energético de la RI.

La energía solar se convertía en alimentos y en bosques. Los primeros, a su vez, se convertían en energía humana y energía animal; y los segundos se convertían en leña que se trasformaba en calor. La restricción era la extensión de la tierra y los bosques para extraer alimentos y madera, que pudiera sustentar una población en crecimiento. Antes de la RI, la expectativa de vida promedia mundial era unos 30 años, hoy son 71 años.

Si el vapor se hubiera generado con leña, afirma Robert Marks, esto hubiera requerido talar grandes bosques, pero al final del siglo XVIII estos apenas cubrían el 5-10 % de GB. Por lo tanto, “sin carbón, y el accidente histórico de que este fue encontrado y trasportado fácilmente en Inglaterra, la producción del vapor y el hierro y el acero, hubieran sido severamente limitados”.

Incluso, la abundancia o no del carbón determinó caminos tecnológicos diferentes. Al respecto, el historiador Francois Crouzet argumenta que en Gran Bretaña, donde la madera era escasa, los logros técnicos asociados con la producción y el uso del carbón se desarrollaron, mientras que en Francia, con grandes extensiones de bosques, la innovación fue reducida.

El consumo de carbón per cápita, en GB entre 1650 y 1850, se expandió constantemente, hasta 13 veces más. Desde 1500 los precios del carbón comienzan a ser más bajos que los de la leña, agrandándose la brecha entre los dos y, por lo tanto, favoreciendo el consumo de carbón para calentar las casas de Londres y de manera creciente en las manufacturas que se basaron en las innovaciones tecnológicas asociadas a la máquina de vapor y la fundición.

Por otro lado, el significado de la ventaja de la producción y el consumo de carbón de Inglaterra puede inferirse si es comparado con los de Bélgica, Francia y Alemania, juntos. Expresado en términos per cápita, la cifra de los tres países combinados fue de aproximadamente 0,24 toneladas por persona cada año; la cifra comparable para Inglaterra y Gales fue de 2,87 toneladas.

Por supuesto, según Robert Allen, dada la muralla proteccionista inglesa, la aplicación de la energía del vapor generada por carbón, que era relativamente barato en la industria textil entre 1815-1830, mientras los salarios eran altos, posibilitó el desarrollo tecnológico intensivo en capital, haciendo que los productos británicos fueran competitivos en el mercado mundial.

Sin embargo, el uso del carbón no fue sin consecuencias. En GB comienza hacia 1600 una creciente contaminación y daños en el medio ambiente. Incluso, en Londres se presentó el evento llamado ‘La gran niebla de 1952’, con miles de muertes y de enfermos (Wikipedia).

Hoy, gracias a los avances de las revoluciones tecnológicas previas, la energía solar y eólica, limpias y baratas, vuelven a ser una alternativa. La energía hidráulica también lo es, aunque tiene efectos colaterales sobre el medio ambiente y las comunidades.

Por eso, es un despropósito que haya una opinión en Colombia que esté esperando que colapse o se suspenda la represa de Hidroituango, no solo por la enorme inversión en su construcción sino por los costos asociados al racionamiento energético que se vendrán, sin duda, en caso de que las expectativas pesimistas se realicen. La energía es desarrollo y avance en el bienestar de la población.

*Agradezco al profesor Norberto Vélez sus comentarios. Pero los errores son míos.

Columnistas

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