Rompiendo con Cuba

Rompiendo con Cuba

Se rajaría Colombia si decidiera tomar a Cuba como señuelo. Inoportuno e injusto.

04 de octubre 2019 , 07:29 p.m.

Como si de pasar una aguja por el ojo de un camello se tratara, coincide que Donald Trump anda en carrera presidencial y Colombia se mueve a su marcha, declarando contiendas a Cuba con el argumento de que este país no le atiende el pedido (en pocas palabras, el capricho) de devolverle o extraditarle guerrilleros del Eln que llegaron allá –recordemos– por solicitud y bajo un protocolo aceptado y luego desconocido por el propio Gobierno colombiano.

Que la dirigencia del Eln deba pagar por actos de terrorismo no se discute, pero eso es incompatible con convertir la aislada isla en el trompo de poner tras haber prestado su concurso, primero, para el acuerdo de paz con las Farc y, luego, en búsqueda de un diálogo con el Eln. No perdamos de vista que en su momento, apoyando el desmonte de la guerrilla, Cuba obtuvo sus particulares réditos de acercamiento con EE. UU. bajo el gobierno de Obama. En pocos días han cambiado los tiempos, y Trump abriga distintos planes.

Maduro terminará desterrado en una casa gris donde alguno de sus aliados de negocios, o juzgado sin salida en un tribunal internacional. Cuba es distinta. Es un régimen legítimo

En ese ajedrez de muy predecible estrategia, no vaya a resultar que en una sobreactuación internacional de Colombia, a quien más termine conviniéndole que el país llegase a romper relaciones con Cuba fuera al mismo Nicolás Maduro.

Porque una cuestión que recibe el apoyo razonable de casi la totalidad de la comunidad latinoamericana y de multiplicidad de países en otros lares es la de abanderar, como lo ha conseguido Colombia en un agotador cara a cara, la campaña contra este criminal venezolano y su cuadrilla de militares y burócratas rayanos en el genocidio; pero otra ingenuamente desfasada, anacrónica y en breve suicida sería para el Gobierno colombiano intentar disfrazarse en estos tiempos como el nuevo líder del anticomunismo internacional.

Maduro terminará desterrado en una casa gris donde alguno de sus aliados de negocios, o juzgado sin salida en un tribunal internacional. Cuba es distinta. Es un régimen legítimo, sólido, irreductible ante amenazas. Cantaba Carlos Puebla por la ruptura con EE. UU.: “Para la leche que da la vaca, que se la tome el ternero”.

Ha conseguido Colombia que la OEA la acompañe en la causa contra el sistema criminal de Maduro; sin embargo, no es 1954, como cuando esa misma organización declaró “enemigo al movimiento comunista internacional”. Se rajaría Colombia si decidiera tomar a Cuba como señuelo. Inoportuno e injusto.

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